Los historiadores no se ponen de acuerdo en el origen del saludo como acto de comunicación social, algunos lo relacionan con los asirios quienes a su vez lo heredaron de los babilonios y por supuesto la popularización del saludo de mano de los caballeros en la Edad Media, para quienes al extender su mano derecha era una señal de paz, puesto que representaba que no sacarían su espada para agredir al otro. En todos los casos el saludo se constituye en el más simple gesto de respeto y cordialidad entre las personas.
El saludo va más allá de una costumbre social, esta forma de comunicación e interacción entre dos seres no necesariamente humanos puesto que está demostrado que los animales comparten este rasgo de socialización al intercambiar gestos de saludo en señal de no agresión; por más asombroso e inverosímil que pueda sonar, se ha demostrado que los árboles y las plantas también lo hacen ¿increíble cierto?
Cuando dos personas se encuentran cada uno lleva consigo su propia energía, va cargado de emociones, de frustraciones, de miedos y todo cuanto en su vida le haya acontecido desde que tiene uso de razón o en las horas previas al encuentro con el otro; resulta asombroso cómo un intercambio de gestos, de contacto físico, de palabras que llevan salud, no solo física sino emocional, pueden transformar el estado del otro, de ahí proviene la palabra saludo, de salud y cuando saludamos estamos transmitiendo exactamente eso.




