Leo por todas partes que Petro es esto u otro, que Petro hizo esto o aquello, que es el demonio vestido de santo o el lobo feroz disfrazado de oveja, pero que es un hombre jodido e inteligente y no veo que ningún petrista, que yo conozca, de vieja data. Son los mismos de ayer, hoy y mañana, y tampoco observo que estos se hayan convencido de nada y den rever, al contrario, están más aferrados a su candidatura.
Que el señor de las bolsas, que el alcalde que acabó con Bogotá, que es ateo, pero que hoy habla con el Papa, que es el representante de Dios en quien él no cree, que esto, que aquello, que el Palacio de Justicia y tantas vainas más. Eso se acabó, como dice un colega columnista, eso es historia patria.
En las democracias las ambiciones políticas de los contrarios se atajan es con votos y no con buenos propósitos y eso es lo que hay que hacer: salir a votar en forma masiva por el candidato de nuestro agrado, por el que creamos que es el que más le conviene a Colombia, eso es lo único que vale, el voto y con el vamos a responder para llevar a la presidencia al candidato que nos satisfaga, de cualquiera de las coaliciones existentes.




