Por. Marlon Javier Domínguez
Difícilmente encontraremos en la Sagrada Escritura un texto tan claro y, a la vez, con tan variadas interpretaciones. Jesús ha dado a sus discípulos el poder de expulsar espíritus inmundos, de sanar enfermedades, de consolar a través de sus palabras, y también de perdonar pecados.
No hay lugar a dudas: el Señor quiere que aquellos rudos hombres que ha llamado se conviertan en mediación de la gracia, para manifestar que “ha escogido del mundo lo que no es, lo que no cuenta”, instrumentos insuficientes con los que trabaja de manera incansable para lograr la salvación de la humanidad.




