Hace unos días, leía un artículo sobre la exmiss universo del año 1965, una mujer de 75 años, que hoy a pesar de esa edad, tiene una apariencia física de 30 años y que por supuesto ha llamado la atención de todo el mundo. Cuando uno ve la fotografía de esta hermosa mujer, no deja de sorprenderse porque definitivamente cuesta creer la edad biológica que tiene.
Durante toda la historia de la humanidad, el hombre ha buscado recetas y pócimas mágicas, tratando de encontrar el elixir de la eterna juventud. En la actualidad hay muchas estrategias médicas que utilizamos para dar una apariencia juvenil en las personas; pasando por procedimientos en consultorio como la aplicación de toxina botulínica, rellenos con ácido hialurónico, inyección de vitamina C, por nombrar algunos, y por supuesto los procedimientos quirúrgicos que en la mayoría alcanzan su objetivo, pero que casi siempre terminan con una simple latonería, para ponerlos en términos de mecánica automotriz, y por dentro, el motor y la parte eléctrica (en este caso los órganos y tejidos) están descuidados.
La ciencia nos da muchas respuestas sobre lo que se asocia al enlentecimiento del proceso de envejecimiento celular (senescencia) y lo podemos cuantificar, midiendo longitud de los telómeros (parte distal de los cromosomas que todos tenemos en las células y que a mayor longitud, menor proceso de daño biológico) o del ADN mitocondrial. Es así como sabemos que una intervención detiene o acelera el envejecimiento.




