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A llorar sobre la leche derramada

En el momento más crítico para la ganadería, con una inflexión negativa nunca antes sentida y sin instrumentos de reconversión productiva, se puso en vigor el TLC con la Unión Europea.

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Por José Félix Lafaurie Rivera

En el momento más crítico para la ganadería, con una inflexión negativa nunca antes sentida y sin instrumentos de reconversión productiva, se puso en vigor el TLC con la Unión Europea. Será el responsable de la quiebra de los primeros 40.000 productores, de muchos que se sumarán, a medida que se profundice el efecto de los acuerdos suscritos.

No acabamos de recoger los pedazos del remezón del TLC con USA, cuando ya enfrentamos el más lesivo de los tratados. ¡Sálvese quien pueda! Es el mensaje a las 390 mil familias productoras de leche y a los 600 mil campesinos que emplean. Al parecer a nadie importa su suerte, ni lo que representan en la construcción del precario tejido social rural.
 
Nos quedamos cortos en los cálculos sobre el desastre económico y social del sector. ¿Cómo vamos a competir con la UE, mayor productor y exportador de lácteos, que más subsidia a sus lecheros? Si no estábamos listos cuando se negoció –y lo advertimos–, tampoco lo estamos ahora.

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