Desde las trincheras de la vida cotidiana está emergiendo un llamado a la acción que retumbará en las paredes de nuestra historia.
Valledupar, tierra de nuestros antepasados – y esperamos que tierra de nuestros hijos y nietos – anhela y necesita el abrazo firme y valiente de sus hijos, un abrazo que se traduzca en determinación y coraje, en solidaridad y protección. Este llamado, más fuerte que nunca, nos urge a “armarnos de valor” ante la inseguridad que oscurece nuestros días.
Hoy, la política y, en general, toda la actividad social de nuestro tiempo, se ve desbordada por la inseguridad. Nuestros líderes se encuentran incapaces y reducidos, mientras los ciudadanos, temerosos, deambulan por nuestras calles, se encierran en sus propias casas, como prisioneros de un enemigo invisible.




