COLUMNA

2023, año de grandes pasiones y decisiones

El año pasado hubo una ruptura nacional en las formas y principios para conducir el Estado; fue un cambio de 360° que los perdedores y la misma institucionalidad aún no han asimilado.

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El año pasado hubo una ruptura nacional en las formas y principios para conducir el Estado; fue un cambio de 360° que los perdedores y la misma institucionalidad aún no han asimilado; muchos de los fenómenos que antes ocurrían, como la muerte de líderes sociales, sigue pasando, las fuerzas oscuras, que son de variada etiología, están vivas; varios caballos de Troya han entrado al gobierno, muchos contratos leoninos y elefantes blancos siguen apareciendo, desde el fondo de la alcantarilla de la administración pública encontrada se percibe un mal olor. 

El proceso de decantación y tamización es más lento de lo que uno quisiera. A nivel de regiones y localidades todo sigue igual, en el festín de las ratas no hay un solo gato que las espante. Y, si no se producen cambios en la periferia, las grandes transformaciones no se darán, el pasado ignominioso seguirá dominando el futuro. 

Las buenas costumbres deben aparecer y la ética, si alguna vez la hubo, deberá resucitar; como decía el apóstol Pablo, “sin resurrección nuestra fe está perdida”. Las oportunidades están brindadas, en octubre próximo se deben producir los cambios necesarios para que la verdadera transformación, paralela y complementaria a la del Gobierno central, sea posible y duradera; en la periferia debe originarse una fuerza envolvente y centrípeta que ayude a consolidar los esfuerzos del Gobierno nacional. Para ello, el presidente Petro, con el carácter y propósito necesarios, deberá apuntalar y templar los alambres que delimiten para siempre las fronteras entre el pasado y el futuro. En el caso regional nuestro, los indicadores nos dicen que en los últimos 54 años de vida departamental no hemos avanzado en lo cuantitativo y en lo cualitativo hemos retrocedido, vivimos una soñolienta estática, pero sin equilibrio, nuestros 25 municipios hoy son más pobres que antes y sus necesidades son más apremiantes. Nos han acostumbrado a vivir del reflector de las bonanzas: la arrocera, la algodonera, la marimbera, la minera y transversalmente de la folclórica, pero los resultados de bienestar no se ven ni se sienten; puro espejismo, algo malo está pasando y hay que revisar. 

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