Reconciliación es sinónimo de perdón, o al menos nos encamina a rescatar las capacidades que el perdón brinda al corazón para el restablecimiento de la amistad y la concordia en todos sus estamentos, entre dos o más personas que de alguna manera perdieron ese valor.
La reconciliación con las cosas buenas es actuar de la mejor forma, sin dañar a nadie; actuar bajo los preceptos de la moralidad y los valores que enmarcan un bien estar, con nosotros mismos y con los demás.
Los anuncios que dibujan nuevas promesas cada 31 de diciembre, nos llevan a mitificar los mismos juramentos de siempre. Y fallamos cada año, y nos dejamos envolver por la desidia y estancamos, al calor del ‘dejá está’ el aporte que cada uno puede hacerle al cambio que el mundo necesita.




