La historia nos transporta a un viernes en Santa Fe de Bogotá, día de mercado. La Plaza Mayor estaba llena. Casi a las 12 del mediodía un grupo de criollos liderado por Antonio Morales fue al almacén de José González Llorente para pedir prestado un florero…
Querían usarlo para decorar un banquete ficticio en honor a un delegado español. Llorente se negó educadamente, pero esto desencadenó la ira de la multitud y personas de todos los estratos empezaron a romper y forzar puertas, clamando por autonomía y justicia.
Pero, ¡No! No fue que unas personas simplemente llegaron a discutir y que un objeto frágil como el florero de Llorente se rompió. Fue el resultado de muchos años de injusticia y la determinación de un pueblo que se unió en un objetivo común: mejorar la vida de todos los colombianos.




