No, lastimosamente el titular del presente escrito no alude al talento de nuestros deportistas siendo llevado al extranjero, tampoco al folclor de nuestros músicos en previa de ser exhibido en tierras europeas; mucho menos a la excéntrica riqueza de nuestra cultura expuesta ante una mirada eurocentrista. Lastimosamente, esta va orientada hacia los simbólicamente exiliados, nuestros paisanos desenraizados.
Lamentablemente, en los últimos años ninguno de nosotros ha estado exento a vivir en carne propia la historia de un familiar, amigo o allegado que, pronto o distantemente, ha marchado hacia tierras lejanamente extrañas, o extrañamente lejanas, muy lejanas. Para nadie es un secreto que, últimamente ha venido tomando fuerza una tendencia migratoria de parte de nuestros jóvenes hacia el continente europeo, para ser más específicos, al país de Polonia.
Dicha tendencia, aunque ha tenido un gran impacto social a escala nacional, terminan siendo las zonas periféricas del país en donde más ha generado repercusión; siendo el desempleo, la informalidad y las barreras que limitan la educación de los nuestros, varios de los factores artífices de tal proclividad. Pese a los escasos y casi nulos informes estadísticos proporcionados por migración Colombia en cuanto a la migración de jóvenes colombianos, diarios de prestigio como BBC citan estimaciones relativas a 370.000 colombianos que salieron del país durante el año 2025 sin la intención de regresar, buscando permanecer durante un tiempo considerable en el lugar de destino; develando de esta manera, la trascendencia de la tendencia presentada en cuestión.






