En el ejercicio de la profesión médica es esencial el control de las emociones, para lo cual es indispensable el cumplimiento de la respectiva deontología. Este capítulo es congruente con lo antedicho.
En una ocasión, antes de las siete de la mañana llegó a mi casa el mánager del cantante ‘Poncho’ Zuleta, buscando mi servicio porque dicho artista tenía un fuerte dolor. Fui a prestarle atención médica y cuando llegué a su domicilio lo encontré con una botella de whisky en la mano y faz melancólica, y me dijo: “Mi querido médico, quiero parrandear con usted y otros amigos también amigos de nuestro difunto amigo”. Nos saludamos con abrazo fraternal antes de tomarnos un trago de whisky. El amigo común era Jaime Arzuaga Orozco, médico alergólogo (q. e. p. d.) que, recientemente, había sido vilmente asesinado por sicarios en la cafetería de la Clínica Valledupar.
Por la noche del día de la parranda, llegó Emilianito Zuleta en busca de ‘Poncho’, porque a las 9 p. m. estaban comprometidos a amenizar la fiesta del entonces DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) de Colombia. En vista de la negativa de ‘Poncho’ de cumplir dicho compromiso, Emilianito en secreto me dijo: “Médico, hágame el favor de decirle a mi hermano que usted es uno de los invitados a la fiesta del DAS, solo así complaceremos al director regional del DAS”. Le eché la mentira a ‘Poncho’, quien seleccionó a unos pocos de los presentes en la susodicha parranda, entre ellos al colega Lubin Barrancos Quiroz.






