A propósito de los 250 años de la obra insigne de Adam Smith, padre de la economía clásica, conviene releer ‘Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones’, no como un texto histórico sino como un instrumento analítico capaz de iluminar problemas que siguen siendo actuales. Smith publicó su obra en 1776, en plena efervescencia de la Revolución Industrial y en un momento en que Europa comenzaba a reorganizar su vida económica alrededor del trabajo especializado y los mercados en expansión.
La pregunta que vertebra el libro, ¿de dónde proviene realmente la riqueza de los pueblos? no ha perdido vigencia, y menos aún en una región como el Cesar, cuya estructura productiva todavía no ha encontrado la trayectoria de crecimiento sostenido que su dotación de recursos y su capital humano harían posible.
Smith arguyó que la riqueza no depende de la acumulación de metales preciosos, como sostenían los mercantilistas, ni exclusivamente de la producción agraria, como defendían los fisiócratas. Proviene, en cambio, de la forma en que una sociedad organiza el trabajo y de la extensión de sus mercados. Esos dos principios, división del trabajo y ampliación de mercados, constituyen el núcleo explicativo de su sistema teórico, y son los que permiten leer con mayor rigor la situación económica de Valledupar y del departamento del Cesar.











