Valledupar, una ciudad convulsionada por la violencia; historias que nos estremecen, pero que ya no sorprenden. Sin embargo, hay casos que deberían encender todas las alarmas. El reciente ataque contra una familia por unos “pago-diario”, a causa de una deuda de apenas $15.000 pesos, saca a la luz una realidad aterradora: deudas minúsculas desencadenan tragedias imperdonables.
$15.000 pesos no son sino el valor de una salchipapa sencilla en una esquina de Valledupar. Sin embargo, para ciertos prestamistas, conocidos como “pago-diarios” o “gota a gota”, representan una facultad o derecho a ejercer violencia. Un reclamo por un pago ínfimo resultó en una puñalada mortal al corazón de la sociedad vallenata, o así considero que deberíamos estarlo asumiendo como ciudad. Estas detestables prácticas son una manera de sembrar miedo y hacer sentir poderío sobre una clase social abandonada, vulnerable y dominada por la desesperanza.
La vulnerabilidad económica de nuestra población obliga a muchos a acudir a estas redes, que ofrecen soluciones rápidas, pero abusan en los porcentajes o condiciones de préstamos y amenazan con frecuencia, sin que nadie pueda hacer nada. No es un asunto aislado: en Valledupar y otros espacios del país se han documentado agresiones a menores, intimidaciones a mujeres mayores e incluso homicidios, como en este caso atroz, todo en nombre del cobro de cifras irrisorias.











