6 mayo, 2021

¿Merece Hernando de Santana un monumento en Valledupar?

Personalidades de la capital del Cesar proponen que la estatua sea retirada al considerar que fue un “genocida”.

La glorieta que rinde homenaje a Hernando de Santana está ubicada en la calle 21 con carrera 7A de Valledupar. 
Foto: Joaquín Ramírez.

En estos últimos días en redes sociales, principalmente en Twitter, el monumento Hernando de Santana ha generado polémica. Una estatua ubicada en la glorieta de la intersección de la calle 21 con la carrera 7A de Valledupar, donde hace 20 años el homenaje se le rendía los agricultores de la región con un tractor, símbolo del trabajo en el campo, y no a uno de los conquistadores de esta región en 1550. 

La historia cuenta que Hernando de Santana fue un soldado español, oriundo de  Zafra (Badajoz), que con menos de 20 años se alistó en la expedición de Francisco de Montejo para explorar la zona de Yucatán, México, dominada por los mayas, pero el clima, la insalubridad, la malaria y los indígenas los obligaron a  desistir en el primer intento.

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Sus reiterados aciertos en los conflictos mantenidos con los indígenas le permitieron a Santana ascender en la jerarquía militar y obtener el título de capitán. Después de un largo tiempo abandonó el territorio mexicano, llegando a Santa Marta y se integró en la conquista del territorio caribeño.

El pelotón del capitán Santana, en su recorrido por la comarca del río Cesar y del Guatapurí, descubrió un hermoso valle de tierras feraces y poblado por tribus dóciles y laboriosas, menos belicosas de las que se habían encontrado hasta entonces, y cuando terminó su cometido de someter a los negros cimarrones, teniendo permiso para ello, no quiso volver a Santa Marta sin haber poblado una ciudad en aquella tranquila zona.

Después de escoger el sitio adecuado y cumplir con el ceremonial acostumbrado, Hernando de Santana fundó a Valledupar. 

Lo anterior no es desconocido por quienes defienden los acontecimientos que marcaron la historia  de la fundación de la capital del Cesar, pero también son enfáticos en decir que Hernando de Santana fue un conquistador ‘malvado’ que no llegó con el simple anhelo de fundar una ciudad y traer civilización a un territorio que ya tenía tradición, cultura, costumbre, sino que llegó a esclavizar a los indígenas, obligándolos no solo a trabajar sin descanso, sino entregarle el oro, a violar a las mujeres y a cometer asesinatos; en últimas describiéndolo como “genocida”

“Antes de él había estado Francisco Salguero, que también había hecho una primera fundación, pero se reconoce a Hernando de Santana como el fundador de la ciudad de los Santos Reyes de Valledupar. Antes de ellos dos pasó por aquí el conquistador alemán Ambrosio Alfinger, que fue el que asesinó al cacique Upar, dejando una estela de violencia”, contó el dirigente cívico y político, Rodolfo Quintero, uno de los que considera que Hernando de Santana no merece ningún tipo de homenaje en esta región. 

Agregó:  “No llegó a nuestro territorio invitado por los indígenas, sino que llegó en plan de conquista a sangre y fuego, donde murieron muchísimas comunidades indígenas como los chimilas y tupes, quienes se opusieron a la presencia del conquistador; hizo lo imposible por exterminar al pueblo, por ello algunos creemos que no debe ser un referente para los habitantes de Valledupar y del Cesar, aún más cuando hay descendientes directos de las víctimas de la actividad criminal de este señor que son los indígenas y nosotros mismos porque también hay que reconocer que somos una mezcla del indígena, el español y los negros”

Considera que las estatuas en cualquier parte del mundo se hacen para recordar el pasado por un buen comportamiento digno de admirar. 

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“No es un referente para la comunidad general, sino todo lo contrario, pero lo que ha sucedido es que cuando se empezó a contar la historia lo hicieron diciendo que los españoles eran los buenos. Fue una historia contada desde los triunfadores, desde los victimarios no desde las víctimas, por tanto las víctimas cobraron un valor secundario y terciario”, recordó Quintero. 

Sostiene que esa historia es humillante para el origen de los vallenatos, sin embargo se ha permitido que se realicen ese tipo de estatuas. 

Dijo además que el alcalde que colocó la estatua de Santana (Jhony Pérez Oñate en el periodo 1998-2000), seguramente no consultó con la comunidad, de pronto sí con algunas personas, pero no con los pueblos indígenas que muy seguramente se hubieran opuesto. 

Anteriormente estaba ubicado un tractor en homenaje a la agricultura de la región. 
Foto: cortesía.

“Hay que preguntarse si esa figura merece estar ahí; si las personas se sienten identificada con ella, como lo hacen con la sirena del río Guatapurí por toda su leyenda, con las ahora estatuas de los artistas vallenatos por su obra musical, o si por el contrario es una ofensa para todos los indígenas que ven cómo le rinden homenaje a quien mató a sus ancestros”, subrayó el dirigente.

POSIBLE SOLUCIÓN

Como solución propuso que la administración municipal retire este monumento realizado con dineros públicos. 

“Esa estatua pueden llevarla a la Academia de la Historia porque no podemos desconocer ni olvidar que el capitán Hernando De Santana pasó por aquí, o la pueden llevar a la Tramacúa a realizarle un juicio simbólico”, expresó Rodolfo Quintero. 

“ES UN NEFASTO SÍMBOLO EN CONTRA LOS PUEBLOS INDÍGENAS”: KANKUAMOS

Otro en pronunciarse al respecto es el secretario general del pueblo kankuamo, Iván Luque Mindiola, quien a través de Twitter solicitó al alcalde de Valledupar, Mello Castro, que retire la estatua.  

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“Le solicito retire la estatua del genocida Hernando de Santana. Es un nefasto símbolo del genocidio histórico en contra de los pueblos indígenas del país, especialmente los de la Sierra Nevada de Gonawindua (Santa Marta)”, subrayó. 

Esto desató aún más las posiciones encontradas en redes sociales, algunos lo respaldaron mientras otros indican que no era el mejor momento para una solicitud de ese tipo debido a la coyuntura que atraviesa el país, de la cual Valledupar no es ajena y podría traducirse como una incitación a actos vandálicos.