COLUMNISTA

Libertad, amor y felicidad

Como ciudadano en ejercicio, educador, líder de procesos, en tantos años de vida y de trabajo, he podido construir unas posiciones frente a ciertos temas y he acuñado unas creencias que sustentan mi ser, mi pensar, mi hacer.

Libertad, amor y felicidad

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Como ciudadano en ejercicio, educador, líder de procesos, en tantos años de vida y de trabajo, he podido construir unas posiciones frente a ciertos temas y he acuñado unas creencias que sustentan mi ser, mi pensar, mi hacer. En recientes reuniones con padres de familia, tuve la maravillosa oportunidad de compartir con ellos algunas de esas ideas. Una de las principales se refiere a que creo en la triada “libertad, amor y felicidad”. 

Me explico. Estoy convencido de que la más importante misión, que tanto padres de familia como educadores debemos asumir, es la de acompañar a nuestros niños y jóvenes en la construcción de un ejercicio responsable de su libertad. Ese ejercicio debe hacer énfasis en que debo disfrutarla, pero ser consciente de que mi vecino también merece y tiene derecho a hacer lo mismo con su libertad. Las libertades se ejercen dentro de un orden previamente estipulado, producto de un contrato social tácito, relacionado directamente con el lugar en el que nacemos, aquel que nos otorga una nacionalidad. Si logramos ejercer esa libertad responsablemente, podremos amar a plenitud, segundo elemento de esta ecuación. 

Podremos elegir a la persona que queremos amar, a aquella a quien queremos también permitirle que nos ame; no nos impondrán pareja como sucede con la realeza, no. Escogeremos a la persona con quien queremos compartir nuestra vida, a la que queremos ayudarle a escribir su mejor versión y quién aportará en la escritura de la nuestra. 

Y luego, ejerciendo esa libertad responsable, para respetar a los demás y amar a plenitud, podremos lograr la felicidad. Estoy convencido de que la vida nos la dan para eso: para ser felices. Para hacer felices a otros, y, erradicar conceptos apocalípticos relacionados con que la vida es una tragedia, que nacemos para sufrir. Nada de eso, nacemos para disfrutar la vida, para gozar, aprender, para vivirla intensamente, con otros y para otros. Para eso y por eso educamos, formamos y acompañamos a muchas familias en esta construcción que, día a día, poco a poco, resulta exitosa, inspiradora y que da sentido total a nuestra existencia.

Amemos felizmente en libertad, esa es la premisa que le ha dado sentido a mi vida, la que me ha permitido ayudar a muchos y recibir tanto, pero tanto, de otros. La educación es transformadora y por eso, se convirtió, sin darme cuenta, en mi proyecto de vida.

Mientras tanto, en Estados Unidos no se reponen del asesinato de Charlie Kirk. Desde el año pasado empecé a seguirlo por Instagram, gracias a que la Inteligencia Artificial -IA-, por los contenidos que consumo como lector, me permitió conocerlo. Debo decir que no estoy de acuerdo con todas las opiniones y posturas de Kirk, pero sí de muchas. Lo que sí debo decir, a propósito de este vil crimen, es que admiraré siempre la entereza y fortaleza de este señor. Sin pelos en la lengua, con posturas fuertes y radicales, desde muy joven asumió la defensa de sus ideales. En un mundo donde ser de derecha, proclamarlo y asumirlo públicamente es difícil, porque nos es popular, porque hablar de orden y de libertades controladas no está “in”, Kirk decidió jugársela por reunirse con estudiantes universitarios a lo largo de su país, conversando acerca de la democracia, de la libre empresa, de creencias religiosas, del aborto, como ven, de temas polémicos y delicados. Lo hizo, lo asumió y pagó el precio del desespero de la izquierda radical, que se ha ido en contra de líderes mundiales como Trump y Bolsonaro, de colombianos como Miguel Uribe Turbay, del ecuatoriano Villavicencio y de otros líderes en Europa que han luchado por lo mismo.

Lamentable, 2 niños y una viuda quedan a la deriva y muchos de sus seguidores siguen sin entender que pasó, qué está pasando, para dónde vamos. En los últimos años, cientos de voces conservadoras han sido silenciadas porque les temen y quieren frenarlas. Pero esta no puede ser la manera. Estoy convencido de que este no fue un hecho aislado, lejos de eso, debemos cuidarnos y seguir defendiendo todo aquello en lo que creemos y por lo que vivimos.

Por: Jorge Eduardo Ávila.

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