Desde la muerte de mi amiga Crista trato de culpar a otros, pero el verdadero culpable soy yo.
Cuando mis padres se divorciaron me sentí muy triste, me mudé a Valledupar, allí conocí a Crista, una niña con una mirada inocente. Ella me presentó a sus padres quienes me recibieron como si fuera de su familia y eso me hizo sentir muy bien.










