COLUMNISTA

Las palabras tienen poder

El título de esta columna no tiene connotación teologal, solo etimológico. Con frecuencia me gusta publicar por las redes algunas palabras y/o expresiones que muchos emplean mal; esto hace parte de mi ocio.

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El título de esta columna no tiene connotación teologal, solo etimológico. Con frecuencia me gusta publicar por las redes algunas palabras y/o expresiones que muchos emplean mal; esto hace parte de mi ocio. Lo hago porque veo la tendencia de muchas personas de repetirlas solo porque se han vuelto moda o virales, como ahora se dice, todos quieren decirlas, y porque siempre recuerdo las enseñanzas que en bachillerato recibí respecto al tratamiento del idioma. 

Ayuda mucho recordar el estudio de raíces griegas y latinas que le permiten a uno identificar el significado de ciertas palabras sin acudir al diccionario. Hoy esos temas están fuera de los currículos de aprendizaje. 

Pocas bolas me paran; he insistido que no se dice premio Nóbel sino Nobel, pero los medios se encargan de que el error persista. Recientemente me referí al concepto “álgido” que viene del latín algidus que significa “muy frío” o helado; de esta misma raíz viene gélido así que cuando hablamos de aguas gélidas nos referimos a glaciares o muy frías. Más, con el tiempo esta expresión tomó un sentido figurado para expresar, p.ej., momento crítico o culminante que, según esto, podría ser frío o caliente. 

Esta doble interpretación podría derivarse de alguien que en algún momento dijo: “llegamos al punto álgido de la cuestión” y de ahí en adelante por virosis, la doble interpretación comenzó a rodar. Esto podría quitarle autenticidad a un texto y por eso, tal vez, en términos jurídicos una ley podría interpretarse de diferentes maneras quitándole precisión a los conceptos. Así, no sabríamos si el agua está caliente o fría y podríamos quemarnos. 

En todas las ciencias existe un concepto que se llama isomorfismo (igual estructura), p. ej., existe una ecuación llamada potencial (y =AX donde X está elevada a la €); € es el coeficiente de elasticidad para los economistas, pero para los agrónomos es el coeficiente de infiltración del agua sobre un terreno. Pero los idiomas no son ciencia sino formas ordenadas de comunicación. 

En el caso que describo, dos personas que aprecio mucho, el doctor Jaime Araújo Rentería y el periodista Miguel Aroca Yepes participaron diciendo que el vulgo legitima el significado de las palabras y la RAE legaliza; democracia lingüística. La verdad es que muchos ya no quieren hablar, en los escritos que muchos jóvenes pasan por las redes sociales dan la sensación de que estuvieran inventando un nuevo idioma, son tratados de taquigrafía, p.ej., TQM para significar “te quiero mucho”. Volveríamos a la prehistoria cuando, quizás, existía un solo idioma; mater en latín, muta en alemán, mére en francés, mamá en español, indica que vienen de un mismo tronco; incluso nuestros indígenas hablan de la “Pacha mama”. Si eso se impone, con el tiempo terminaremos hablando por señas. Advierto, no todos los idiomas tienen academia como la tiene el español; p.ej., el inglés no tiene un organismo rector.  

Por: Luis Napoleón de Armas P.

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