Las habilidades blandas dejaron de ser complementarias para convertirse un valor diferencial, en especial la comunicación asertiva, que ha evolucionado hasta convertirse en una “Golden Skill” o habilidad dorada, imprescindible en nuestro día a día.
Para ser más exacta, estas habilidades fueron vistas como secundarias frente a las técnicas, porque el sistema educativo nos enseñaba siempre a memorizar antes que expresar o argumentar de manera clara lo que sentimos o pensamos. Pero el mundo ha cambiado. Yo diría que la pandemia fue el punto de inflexión. Tuvimos que comunicarnos solo con palabras y gestos en una pantalla de un día para otro. Sin lenguaje corporal y sin contexto.
Recuerdo cómo en las reuniones virtuales era tan importante ser claros en lo que decíamos. Y con el regreso a la presencialidad, quedó en evidencia que quien sabe expresarse con seguridad, lleva ventaja. Lo interesante de esta habilidad es que, a diferencia de muchas otras, la tecnología e inteligencia artificial no pueden reemplazarla. La capacidad de relacionarse con las personas y comunicar las ideas que cualquier IA nos brinde seguirá siendo humana. Aunque muchas personas están preocupadas por que la tecnología las reemplace, lo que realmente deberíamos hacer es reforzar las competencias que nos diferencian inequívocamente.
Para mí, la comunicación asertiva es la base de todas las demás competencias. Nos permite liderar mejor, trabajar en equipo, resolver conflictos. Es como un equilibrio que nos previene de caer en los extremos de la comunicación pasiva (esa que nos hace ceder sin expresar lo que sentimos), y la agresiva, que impone sin escuchar. Comunicar bien es un proceso que inicia desde adentro, y aunque parezca fácil, requiere práctica.
Incluso, hoy en día, saber comunicar bien se ha convertido en un filtro para cualquier proceso de selección. No es solo decir “soy bueno trabajando en equipo” o “tengo habilidades de liderazgo”, ahora nos encontramos con esas preguntas situacionales que nos obligan a usar la comunicación asertiva a través de preguntas capciosas como: “Cuéntame una situación en la que resolviste un conflicto en tu equipo” o “¿Cómo manejaste un error que cometiste en el trabajo?”. Y ahí es donde realmente se pone a prueba nuestra capacidad de comunicar bien. Porque al final, podemos tener las mejores ideas o la mejor preparación técnica, pero si no sabemos transmitirlo, difícilmente lograremos destacar.
Para mejorar esta habilidad, sugeriría tener un plan de acción. Primero, la escucha activa antes de hablar. Luego, identificar el contexto y ordenar las ideas. Además, debemos intentar hablar desde nuestra propia perspectiva para evitar culpar a los demás. Por ejemplo, en lugar de decir “Nunca me escuchas”, decir algo como “Me siento ignorado cuando no recibo una respuesta tuya”. Y, finalmente, necesitamos determinar el impacto del mensaje antes de decirlo, porque no se trata de ser evitativos, se trata de ser estratégicos en nuestra comunicación.
Sin duda, dominar la comunicación asertiva nos ahorra tiempo y problemas. Nos ayuda a evitar esas posibilidades de malentendido que existen entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que digo, lo que escuchas y lo que realmente entiendes. Porque sí, comunicarse es un arte, pero también es una competencia altamente valorada en cualquier ámbito. Ya no es solo una habilidad blanda, es una habilidad dorada. Y aquellos que la dominan, simplemente brillan.
Por: Sara Montero Muleth.







