Teodolinda Gastelbondo Pertuz, ‘La Cacica Chimila’, es una indígena noble, valiente y con un corazón más grande que la Sierra Nevada de Santa Marta. En el boscoso paisaje donde vive, la diversidad cantarina de los pájaros embellece los amaneceres mientras el viento fresco se desliza desde la cumbre de los cerros.
Allí, esta gran mujer de baja estatura mide su grandeza por acciones, y no precisamente de los pies a la cabeza. Esta dinámica líder logró reunir, hace diez años, en 200 hectáreas a 26 familias pertenecientes al pueblo indígena chimila, o ‘Ette Ennaka’, vocablo que traduce ‘Gente propia’.
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