14 enero, 2019

La Diócesis de Valledupar

Por: Josefina Castro Llama la atención la actitud del país de querer desestabilizar la institucionalidad, cualquiera sea su índole. Seguramente, cada quien tiene lo que se merece y tarde que temprano la ciudadanía iba a empezar a levantar la voz frente al mal manejo de muchas de sus entidades, indistintamente si son públicas o privadas, […]

Por: Josefina Castro

Llama la atención la actitud del país de querer desestabilizar la institucionalidad, cualquiera sea su índole. Seguramente, cada quien tiene lo que se merece y tarde que temprano la ciudadanía iba a empezar a levantar la voz frente al mal manejo de muchas de sus entidades, indistintamente si son públicas o privadas, con la consecuente pérdida de legitimidad en el actuar.

Respetando las creencias religiosas de cada quien y consciente de la separación Estado – Iglesia; con ocasión del quincuagésimo aniversario de la Diócesis de Valledupar es de destacar el papel de esta diócesis en medio de una institucionalidad desgastada.
Cuando en el mes de abril del año de 1969 se eleva a diócesis el hasta entonces vicariato apostólico, la recién estrenada capital, es decir Valledupar, no pasaba de ser un pueblo donde las inquietudes giraban en torno a generar ideas y expectativas de lo que algún día sería ciudad. Negar que esta región fue creciendo con vocación de que fuéramos alguien, de la mano con la Iglesia católica, sería un absurdo.
Con la claridad de entender, que nos guste o no, muchas de nuestras entidades han ido perdiendo legitimidad y que por el contrario la Diócesis de Valledupar legitima su actuar en su labor social y en no cometer errores que generen señalamientos.
Los seres humanos y las consecuencias de sus actos, para bien o para mal, son los que muchas de las veces hacen las instituciones. De la Diócesis de Valledupar surgió Pablo Salas Anteliz quien en su condición de obispo y hoy arzobispo se destaca en la Iglesia católica colombiana, lo mismo que el hoy obispo José Clavijo Méndez quien se desempeñó como rector del Seminario Juan Pablo II de Valledupar.

El obispo Oscar José Vélez Isaza y sus sacerdotes tienen una obra que mostrar, no solo en términos de infraestructura, sino también una obra social muchas veces invisible, pero no menos importante. Así como el hoy obispo emérito de Valledupar, José Agustín Valbuena Jáuregui, quien le dejó al Cesar y a La Guajira el Seminario Juan Pablo II con lo que ello representa espiritual e intelectualmente.

Es precisamente en las zonas corregimentales y veredales de los municipios del Cesar y La Guajira donde la Diócesis de Valledupar hace una labor social determinante, en zonas donde el Estado pareciera no existir.
La prestación del servicio educativo en las zonas rurales de difícil acceso prácticamente ha sido una labor única y exclusiva de la Diócesis.
En particular, considero que en su evolución, la Diócesis de Valledupar ha fortalecido su presencia en las familias y en la juventud, con conceptos claros y con trabajos específicos.
Han sido 50 años construyendo institucionalidad, no dejándola diluir y mucho menos deslegitimar.

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