COLUMNISTA

La amistad

La amistad descrita a mi manera no es más que una relación permanente con la lealtad, que permite no solo el manejo discreto de las emociones sino el reconocimiento sin excepciones de la verdad que aún amparada con la duda nos une a ese espíritu de relaciones sociales para la convivencia.

Fausto Cotes, columnista de EL PILÓN.

Fausto Cotes, columnista de EL PILÓN.

Por: Fausto

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La amistad descrita a mi manera no es más que una relación permanente con la lealtad, que permite no solo el manejo discreto de las emociones sino el reconocimiento sin excepciones de la verdad que aún amparada con la duda nos une a ese espíritu de relaciones sociales para la convivencia.

La amistad no admite clasificaciones ni comparaciones y aunque en la espiritualidad intrínseca se disuelvan o mezclen muchas condiciones con el resultado que en el universo de la vida traducimos en la expresión inequívoca de “amigo”, nos permite utilizar esta palabra para denotar a toda la naturaleza misma.

Soy amigo del hombre, de los animales, del ambiente, de las cosas buenas y muy pocas veces de las malas, aunque considero a estas últimas necesarias en algún momento para estabilizar la supervivencia, sin llegar a justificarlas como medios.

Así tengo amigos buenos y malos, justos e injustos, sanos y malvados y de muchas otras categorías, defectos y virtudes que me permiten una relación a través de alianzas empáticas naturales que interiormente unen a los espíritus. 

También tengo amigos que, aun sin conocerlos personalmente, me liga con ellos una especie de agradecimiento no solo por lo que hayan hecho por mí y mi entorno, sino por lo que hayan hecho por los demás. De esa manera me permiten hacer comparaciones tanto para clamar por el perdón como para señalar los actos injustos disfrazados de justicia, aquellos donde el resentimiento ha hecho metástasis a través de la envidia, el fraude y la mentira para condenar al enemigo.

Casos como el del expresidente Uribe a quien personalmente nunca le he estrechado la mano, el exgobernador Luis Alberto Monsalvo un buen amigo dentro de mis verdaderas clasificaciones, y otros más en términos generales —sin eximirlos de sus errores —, que han sido condenados por las leyes de los desórdenes políticos y sociales bajo la premisa de sacarlos del ruedo y dejar el camino abierto a la facilidad del enemigo para lograr los objetivos que la política ajena a la ética demanda,  que nunca por los medios demócratas podrían lograr pues los enfrentamientos contra el Estado justo, contrario a sus pensamientos, les arrastra hacia la condena social de sus propios amigos de otros tiempos.

La amistad, en sentido humano, es un vínculo profundo que une a las personas más allá de los lazos familiares o de interés. Se basa en la confianza mutua, el apoyo y la afinidad emocional. Implica compartir alegrías, penas, experiencias y crecer juntos como seres humanos. Desde una perspectiva social, la amistad fomenta la solidaridad, la empatía y el sentido de pertenencia. La amistad actúa como un puente entre diferencias culturales o ideológicas, y contribuye reduciendo el aislamiento y promoviendo la cooperación.

En el plano filosófico, la amistad es la forma más elevada de la dignidad que surge entre personas virtuosas que buscan el bien del otro no por conveniencia. Es un espacio de libertad y reciprocidad; es una relación ética, emocional y social que enriquece la experiencia humana.

La verdadera amistad implica aceptación, conoce nuestras virtudes y defectos, y a pesar de ello, nos valora y permanece a nuestro lado sin condiciones.

En fin, me siento amigo de mis amigos cuando aplaudo en ellos los actos buenos y condeno los malos, pero antes de proferir mi fallo, lo hago bajo el rasero de la verdad verdadera que cuando esta es resuelta, permite buscarles la redención y el perdón, por eso para mí el término de amistad no solo hace parte de mis emociones y sentimientos con su relación implícita entre el corazón y el pensamiento, sino también entre lo bueno y lo malo.

La verdadera amistad no está hecha de cristal, pero si se llegare a romper no sería nada difícil de restaurar; y restaurar es llevar a su estado original.  La verdadera amistad no tarda en devolver favores, pero lo piensa para devolver una ofensa, así no prioriza el placer y revalida la gratitud. Por ello, la compañía de un verdadero amigo puede ser más valiosa que cualquier éxito solitario. 

Por: Fausto Cotes N.

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