A propósito de los 250 años de la obra insigne de Adam Smith, padre de la economía clásica, conviene releer ‘Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones’, no como un texto histórico sino como un instrumento analítico capaz de iluminar problemas que siguen siendo actuales. Smith publicó su obra en 1776, en plena efervescencia de la Revolución Industrial y en un momento en que Europa comenzaba a reorganizar su vida económica alrededor del trabajo especializado y los mercados en expansión.
La pregunta que vertebra el libro, ¿de dónde proviene realmente la riqueza de los pueblos? no ha perdido vigencia, y menos aún en una región como el Cesar, cuya estructura productiva todavía no ha encontrado la trayectoria de crecimiento sostenido que su dotación de recursos y su capital humano harían posible.
Smith arguyó que la riqueza no depende de la acumulación de metales preciosos, como sostenían los mercantilistas, ni exclusivamente de la producción agraria, como defendían los fisiócratas. Proviene, en cambio, de la forma en que una sociedad organiza el trabajo y de la extensión de sus mercados. Esos dos principios, división del trabajo y ampliación de mercados, constituyen el núcleo explicativo de su sistema teórico, y son los que permiten leer con mayor rigor la situación económica de Valledupar y del departamento del Cesar.
Los datos de desempleo
Los datos más recientes del DANE revelan una tensión estructural en el mercado laboral de la ciudad que resulta difícil de explicar sin recurrir a esas categorías. Durante el trimestre agosto – octubre de 2025, la tasa de desempleo de Valledupar descendió a 9,8 %, una reducción de 2,6 puntos porcentuales frente al mismo período del año anterior, resultado que podría leerse como una señal alentadora. Sin embargo, en ese mismo lapso la informalidad laboral escaló al 64,7 %, situando a Valledupar en el segundo lugar nacional en este indicador, solo superada por Sincelejo.
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Esto significa que, de cada tres personas ocupadas en la ciudad, dos lo hacen sin acceso a prestaciones sociales, sin cotización a seguridad social y en condiciones de baja estabilidad contractual. La situación es aún más pronunciada entre la población joven: el desempleo en el segmento de 15 a 28 años se mantiene en torno al 20 %, lo que implica que uno de cada cinco jóvenes en edad productiva no encuentra inserción laboral formal.
El problema de la baja productividad
Smith habría reconocido en este perfil el problema de los mercados estrechos: cuando la demanda local es limitada y las redes de intercambio con circuitos económicos más amplios son débiles, la especialización productiva no prospera, y sin especialización la productividad general de la economía permanece baja. Un trabajador que debe atender simultáneamente múltiples funciones en una microempresa de subsistencia acumula menos destreza en cada una de ellas; sus ingresos permanecen reducidos, su acceso al crédito es restringido y la formalización resulta costosa en relación con los retornos que puede esperar.
El resultado es un equilibrio de baja productividad que tiende a reproducirse y que explica, en buena medida, la persistencia de la informalidad en una ciudad que no carece de actividad económica sino de condiciones para que esa actividad escale.
Los datos macroeconómicos del departamento confirman esa lectura. En 2024, la región Caribe registró una contracción de 0,1 % en su valor agregado, jalonada principalmente por el desplome del sector minero, que cayó 11,8 % ese año según el DANE. El Cesar, que representa el 12,1 % del PIB caribeño, sintió ese golpe de cerca: la economía del carbón en el sur del departamento, Becerril y La Jagua de Ibirico, configura una estructura productiva cuya volatilidad sigue atada a los ciclos del mercado internacional de commodities energéticos.
En 2025 llegaron señales más alentadoras a nivel nacional: el PIB del país creció 2,3 % en el cuarto trimestre y 2,6 % en el año completo, y el sector minero repuntó 1,2 % en ese último trimestre, revirtiendo la caída anterior. Pero el desempeño del Cesar a lo largo del año fue irregular. En el primer trimestre creció apenas 0,4 %, muy por debajo del promedio nacional.
En el segundo registró variación negativa. En el tercero repuntó a 2,1 %, aunque siguió siendo el departamento de menor crecimiento positivo del país ese trimestre, en un panel donde Bogotá lideró con 4,7 % y el único en contracción fue Casanare (-1,7 %).
El dato departamental del cuarto trimestre de 2025 no estaba disponible al cierre de este artículo. Lo que sí está claro es el patrón: arranque débil, retroceso, recuperación rezagada. No es una anomalía puntual; es la huella estadística de una economía que crece cuando el carbón sube y frena cuando baja. Smith lo habría diagnosticado sin dudar: la riqueza que depende de extraer no es la misma que la que se construye transformando.
Hay, sin embargo, una dimensión de la economía contemporánea que excede el horizonte analítico del siglo XVIII y que ofrece a las Mipymes del Cesar una oportunidad que conviene no subestimar. Smith sostuvo que ampliar los mercados es la condición necesaria para que la especialización sea económicamente viable. En su época, esa ampliación requería infraestructura física costosa: canales, puertos, caminos reales.
Hoy, las plataformas digitales han reducido drásticamente ese costo de entrada. Un artesano de Valledupar puede ofrecer sus productos a compradores en Bogotá, Medellín o Ciudad de México desde un dispositivo móvil; una empresa de servicios puede atender clientes internacionales sin moverse de la ciudad; un productor agroindustrial puede conectarse con compradores institucionales a través de marketplaces B2B que hace una década no existían.
Esta posibilidad es real, pero no es automática: requiere formación pertinente, acceso efectivo a conectividad de calidad y marcos institucionales que reduzcan los costos de la formalización.
Propuestas para avanzar
Desde ACOPI Cesar consideramos que los desafíos que revelan estos indicadores exigen una respuesta articulada entre el sector privado organizado, las instituciones de educación superior y la política pública departamental y municipal. En ese sentido, proponemos cuatro líneas de acción que, desde nuestra perspectiva gremial, resultan prioritarias para avanzar hacia una economía regional más productiva y formal.
La primera es un programa estructurado de formalización progresiva para microempresas del sector comercio y servicios, que son los que concentran la mayor parte del empleo informal en Valledupar. La formalización no puede plantearse únicamente como cumplimiento de obligaciones tributarias y parafiscales; debe ir acompañada de incentivos concretos: acceso preferencial a crédito, programas de capacitación técnica, simplificación de trámites y vinculación a cadenas de suministro de actores institucionales y empresariales más grandes.
La evidencia comparada en América Latina muestra que los esquemas de formalización que combinan reducción de costos con acceso a beneficios tienen tasas de adopción sustancialmente más altas que los que operan únicamente desde el enforcement regulatorio.
Es el momento de la asociatividad empresarial
La segunda línea es el fortalecimiento de la asociatividad empresarial como mecanismo de ampliación de mercados. Smith señaló que la especialización solo es viable cuando los mercados son lo suficientemente amplios. Para una microempresa aislada, ese umbral es difícil de alcanzar.
Para un conjunto de empresas que comparten procesos, distribuyen costos de certificación y acceden colectivamente a licitaciones públicas o contratos privados de mayor envergadura, ese umbral se vuelve alcanzable. Desde ACOPI Cesar trabajamos en la consolidación de esquemas asociativos sectoriales que permitan a los empresarios de la región operar con la escala que sus mercados potenciales demandan.
Transformación digital
La tercera es la incorporación efectiva de herramientas digitales en la gestión de las Mipymes de la región. Esto no se reduce a la presencia en redes sociales; implica adopción de sistemas de facturación electrónica, uso de plataformas de comercio electrónico, gestión de inventarios con apoyo tecnológico y, en etapas más avanzadas, incorporación de analítica de datos para la toma de decisiones. La brecha digital en el tejido empresarial del Cesar es real, y cerrarla requiere programas de acompañamiento técnico sostenido, no talleres puntuales.
La cuarta, y quizás la más estratégica de largo plazo, es la articulación entre la agenda formativa de las instituciones de educación superior de la región y las necesidades productivas del tejido empresarial local. Valledupar cuenta con una oferta académica en crecimiento, pero la correspondencia entre los perfiles que se forman y las competencias que demanda una economía en transición hacia mayor formalidad, mayor productividad y mayor conectividad digital es aún insuficiente. Desde ACOPI Cesar, el trabajo conjunto con la academia no es solo un propósito declarativo: es una condición para que la próxima generación de empresarios y trabajadores del Cesar pueda responder con solvencia a los retos que el mercado contemporáneo plantea.
Releer a Smith desde Valledupar, con honestidad analítica y atención a los datos, permite identificar con mayor precisión dónde están los cuellos de botella que explican la informalidad persistente, la baja productividad y la estrechez de los mercados locales.
El legado más perdurable del padre de la economía clásica no es un recetario sino una disposición intelectual: la convicción de que es posible comprender las fuerzas que organizan la prosperidad de una sociedad y actuar en consecuencia. El Cesar tiene historia, recursos naturales, talento humano y una identidad cultural reconocida mundialmente. Lo que necesita, como diría Smith, es organizar mejor ese conjunto para que genere mayor riqueza y la distribuya con mayor equidad. A 250 años de La Riqueza de las Naciones, esa sigue siendo la tarea.
Por Diego Alexander Vides Fonseca – Director Ejecutivo – ACOPI Cesar
Economista · Esp. Finanzas Públicas · Mg. Neuromarketing






