1 marzo, 2021

Jorge Oñate y Abel Antonio Villa, vanguardistas en la música vallenata

A Jorge Oñate, su carácter de vanguardista al cantar le permitió crear una escuela a la que han pertenecido vocalistas de la importancia de Iván Villazón.

Abel Antonio Villa y Jorge Oñate. 

FOTO/CORTESÍA.

Vanguardistas es la palabra con la que debemos identificar a Abel Antonio Villa y Jorge Oñate, por sus aportes al vallenato en dos instantes claves para la consolidación y divulgación de este género. El primero participó en lo que se ha llamado el proceso de modernización de este género musical, lo que inició con las grabaciones de canciones por parte de los que han sido denominados como juglares. Mientras que Oñate en la etapa de popularización o comercialización de lo que hasta entonces fue visto como un aire folclórico.

Los aportes del juglar a la música que inicialmente era conocida como del Magdalena, trascienden más allá de ser el primero en hacer una grabación comercial, por lo que lo llaman ‘El padre del acordeón’. Él fue quien asoció la caja, la guitarra y la guacharaca con el acordeón, creando, de paso, el conjunto típico. También fue el primero en hacer de la interpretación del acordeón su profesión; antes de que esto sucediera los ejecutores de este instrumento no recibían estipendio alguno, solo tragos de ron, por sonarla.

Fue después de este hecho cuando juglares como Luis Enrique Martínez, identificado como vanguardista de la manera moderna de interpretar el acordeón, y Alejandro Durán, abandonaron sus actividades laborales en el campo para dedicarse a la música. El haberse dedicado al vallenato fue lo que motivó a músicos de la envergadura de Andrés Landero para hacerse acordeonista profesional; lo que lo llevó a ser influyente en la vida musical de Alfredo Gutiérrez.

El proceso de modernización del vallenato se dio en los años cuarenta, en lo que contribuyó la radio barranquillera y sus radioteatros y las grabaciones hechas por un grupo de acordeonistas en Barranquilla, después en Cartagena, con la masificación de los sonidos grabados en acetatos a través de los picó de bocina.

Lo de la popularización o comercialización es otro proceso que se produce en el vallenato, que generaría una nueva e importante dinámica en este aire musical, y en el que Jorge Oñate, como cantante, jugó un papel fundamental. Varias son las circunstancias que llevaron a que el vallenato dejara de ser un género folclórico para ser refinado, manipulado y adaptado por las casas disqueras con la utilización de los medios de comunicación, como define lo sucedido la investigadora Consuelo Posada.

Una de esas fue la organización del Festival de la Leyenda Vallenata, que tras ser disputado y ganado por juglares comenzó a mostrar a este género musical como un producto de interés comercial y político, especialmente cuando miembros de la élite vallenata, con el apoyo de López Michelsen, se apropiaron de él para promover sus intereses partidistas.

Festival en el que Oñate es vanguardista al participar, en 1972, acompañando, como cantante y guacharaquero, al acordeonista Miguel López, quien fue coronado rey del festival. Luego lo hizo con el hijo de este, Álvaro López, quien también fue ganador. Las relaciones entre el Festival y Oñate fueron permanentes, tanto que este destacaba el haber grabado con un número importante de reyes vallenatos, mencionando entre ellos a Emiliano Zuleta, quien fue coronado como rey aficionado, y a los rey de reyes Nicolás ‘Colacho’ Mendoza y Gonzalo ‘El Cocha’ Molina.

Otro factor influyente en la comercialización del vallenato fueron los carnavales y las emisoras de Barranquilla. En el primero, Oñate, con los Hermanos López, irrumpieron apoyados en el éxito de las canciones ‘No voy a Patillal’ y ‘El cantor de Fonseca’.

Fue en 1974, y lo hicieron tras ser contratados para amenizar una KZ en esta ciudad, participando, además, en el Festival de Orquestas en el que fueron declarados fuera de concurso. Antes, habían intervenido en las fiestas de noviembre en Cartagena.

La radio barranquillera, y la de otras ciudades, también contribuyó con el proceso de modernización del vallenato, especialmente cuando aparecieron los programas donde se escuchaban canciones relacionadas con este género musical.

Algunas de estas emisoras eran de amplia sintonía en el Caribe colombiano, lo que sirvió para que se oyeran los trabajos musicales de los nuevos exponentes musicales, entre ellos los primeros éxitos que alcanzó en compañía de los López, con quienes grabó nueve discos de larga duración.

Entre este conjunto de circunstancias también estuvo el interés de los grandes sellos disqueros como CBS, luego llamado Sony Music, Codisco, Sonolux, por el vallenato. Interés que llevó a que Oñate y los López fueran artistas exclusivos de la transnacional CBS, con la que acordaría uno de los de los mejores contratos que firmara un intérprete de la música vallenata.

Fue con este sello musical con quien obtuvo el mayor número de éxitos musicales, entre ellos ‘Nido de amor’, tema del que el cantante aseguraba que introdujo el vallenato al interior del país. Ya había grabado para otra empresa disquera, el sello Vergara, con la compañía del conjunto ‘Los Guatapurí’, cuyo acordeonista era Emilio Oviedo.

La popularización del vallenato llevó a que este dejara de ser programado solamente en los picó que en Barranquilla eran contratados para amenizar reuniones sociales y familiares, para hacerlo en los que amenizaban las verbenas. Y de las canciones que sonaron en estos equipos de sonidos fueron las interpretadas por Jorge Oñate, al lado de juglares como Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán.

Jorge Oñate no fue el primero en grabar como solista con un conjunto vallenato, antes de él lo hicieron Armando Zabaleta, Pedro García, Isaac Carrillo, ‘Wicho’ Sánchez, Miguel Yaneth, Cesar Castro, Alberto Fernández, Julio Erazo, Esteban Montaño, entre otros; sin embargo, fue quien posesionó un nuevo estilo de interpretar canciones vallenatas y el hacer de ellas verdaderos éxitos musicales. Después de su aparición como solista surgieron otros importantes cantantes del vallenato y los acordeonistas dejaron de ser los músicos fundamentales en un conjunto musical.

Ninguno de los solistas que lo antecedieron alcanzaron la importancia que este logró, este sitial solo se lo disputaron cantantes que lo precedieron como Poncho Zuleta, Rafael Orozco y Diomedes Díaz. Su carácter de vanguardista al cantar le permitió crear una escuela a la que han pertenecido vocalistas de la importancia de Iván Villazón. Fue su manera de hacerlo lo que le permitió ser distinguido, en 2010, con un premio Grammy a la excelencia musical.

Secuelas del covid-19 produjeron su muerte, y, paradójicamente, fue la pandemia producida por este virus la que llevó a la directiva del Festival de la Leyenda Vallenata a aplazar el homenaje que en vida le harían en 2020.
Ante su fallecimiento y frente a la tristeza que nos embarga hay que cantar como lo dice el ‘Ruiseñor del Cesar’ en la canción ‘El cambio’:

Por eso si me encuentro triste
Cuando estoy muy triste
Canto vallenato para no llorar.

Por Álvaro Rojano Osorio.