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Macartismo de nuevo cuño

Por: Raúl Bermúdez Márquez En los comienzos del año 2008 se supo que Andrew Jones un ex alumno de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ofrecía dinero a los estudiantes de ese centro por cintas o notas de clase de los profesores que enseñasen “ideologías” en lugar de la materia del curso. Luego […]

Macartismo de nuevo cuño

Macartismo de nuevo cuño

Por: Raúl

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Por: Raúl Bermúdez Márquez

En los comienzos del año 2008 se supo que Andrew Jones un ex alumno de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ofrecía dinero a los estudiantes de ese centro por cintas o notas de clase de los profesores que enseñasen “ideologías” en lugar de la materia del curso. Luego se estableció que Andrew como presidente de una asociación de ex alumnos de UCLA, no estaba solo, pues el ex representante republicano James Rogan renunció a su función en el grupo alegando que no tenía nada que ver con esa maniobra antidemocrática. Tampoco constituía un caso aislado del contexto nacional: se encuadraba en la política del ex –  presidente George W. Bush que escudándose en el 11 de septiembre, se arrogaba el poder de saltarse la Constitución y todas las leyes para saber lo que el ciudadano piensa, habla y escribe con el objeto de defenderlo de ataques terroristas, según decía el estribillo administrativo. Bush hablaba y actuaba como si creyera que la Constitución no valía en tiempos de guerra.

Algo parecido, quizá incluso más grotesco, sucedió a mediados del siglo pasado cuando el senador republicano Joe MacCarthy y otros congresistas se empeñaron en encontrar comunistas hasta debajo de las piedras de la industria cinematográfica de Hollywood. El macartismo tuvo su época de oro en los Estados Unidos, pero no ha sido de exclusividad de la gran potencia. Para no ir muy lejos, aquí en Colombia al candidato liberal Rafael Pardo, le ha tocado exigir públicamente que se investigue y detenga a quienes a través de la red social Facebook lo ubican como el candidato de las Farc. De la misma manera, Gustavo Petro, a pesar de que en miles de ocasiones ha trazado una raya divisoria infranqueable con la lucha armada, no se ha podido desprender del karma de su efímera militancia en el M-19 y es macartizado por sus adversarios políticos de manera mal intencionada y recurrente como un “guerrillero vestido de civil”.

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