Por: Miguel Àngel Castilla Camargo
miguelcastillac@hotmail.com
El delito de lesa humanidad no prescribe. Misteriosamente las Altas Cortes guardan silencio.
La Revolución cubana, exportadora de muerte, se ha ido quedando sola, al extremo que “íconos” como El Che Guevara no los quiere ninguna sociedad, ni siquiera en camisetas. Todavía la hija, sin ningún recato, dice que es un ser admirable.
“Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando”. Eso lo dijo Guevara sin pestañear, el 11 de diciembre de 1964 en la ONU. Sobra explicar que la cifra exacta de víctimas por parte de este asesino se desconoce.






