Algo sobre
Por: José Romero Churio
De veras, al nuevo gobierno le resta credibilidad que reviva una iniciativa legislativa, que podría motivar al Congreso a la aprobación de otra que, un grupo significativo de congresistas, considera perjudicial a las regiones donde se explotan recursos naturales.
Esto ocurre con el proyecto de Acto Legislativo que reforma la Ley de Regalías, con la cual, el nuevo Presidente, propone poner las regalías al servicio de todo el país, ya que al respecto, ha declarado: “Queremos que los ingresos de nuestro subsuelo, del subsuelo de todos los colombianos, beneficien, como debe ser, a todos los colombianos, incluyendo a las generaciones futuras”.
Aun cuando muchos aplaudan al nuevo mandatario y aunque en el primer sondeo realizado dos semanas después de haber comenzado su gobierno cuente con un 84% de favorabilidad, no se puede dejar de censurar la politiquería de revivir la reelección inmediata de gobernadores y alcaldes en busca de contrarrestar la resistencia a la reforma de la Ley de Regalías.
A simple vista, no es más que el ofrecimiento de prebendas a toda la dirigencia política regional. Y el pueblo que es quien elige a los gobernantes con la esperanza de que mejoren sus condiciones de vida, viendo truncada su aspiración, con tal de sobrevivir, también se involucra a la corrupción del clientelismo, que proporciona grandes beneficios a sus promotores principales, con los que viven en la opulencia, incluso en la cárcel cuando son condenados por los ilícitos cometidos.
Distinto sería, que el presidente Santos, el proyecto de acto legislativo, que busca la reelección inmediata de gobernadores y alcaldes por una sola vez (que nunca tuvo eco en la era Uribe a pesar de que fue puesto a consideración del Congreso en múltiples ocasiones). En vez de utilizarlo como anzuelo para pescar parlamentarios regionales y mantenerlos como incondicionales, como demostración de transparencia debió proponer llevarlo a instancias del constituyente primario a través de un referendo para que decida, si o no, se establece en Colombia la reelección inmediata de gobernadores y alcaldes.
El afán de sacar adelante los proyectos claves para el buen desempeño de su gobierno, el nuevo mandatario, como dice el adagio popular, pela el cobre más temprano que tarde, dejando en evidencia que anda en las mismas de su antecesor, en consecuencia, durante su gobierno de unidad nacional, la corrupción, que tanto perjuicio acarrea, seguirá aumentando en el país, también la desigualdad y obviamente la brecha entre ricos y pobres, de los cuales un gran porcentaje son indigentes, que no es necesario decirlo ya que diariamente los vemos en las calles mendigando, debido más que todo a la falta de empleo que, el presidente Santos, promete aumentar, todos los sábados en los Acuerdos para la Prosperidad que, con cambio de estilo, sustituyeron a los consejos comunales de su predecesor.
En conclusión, a menos de un mes de su posesión, a nadie le queda duda que el presidente JM Santos desea pasar a la historia como un gobernante que repitió mandato presidencial, reelegido de manera democrática sin tantos cuestionamientos. En tan corto tiempo, se percibe que le interesa más el éxito de su gobierno que la suerte de las regiones del país. Por ejemplo, del departamento del Cesar, de cuyo subsuelo se explota gran cantidad de carbón, hasta ahora no ha nombrado a ninguna persona en cargo de importancia nacional ni siquiera de segunda línea, al contrario, sacó al cesarense Rodolfo Campo Soto de la dirección del Incoder (Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural).






