EL TINAJERO
Por José Atuesta Mindiola
Leandro Díaz en varias ocasiones ha manifestado que es un pensador, que sólo canta después de pensar. En este principio fundamenta su talante artístico, para ser cuidadoso en sus composiciones y no dejarse tocar por los afanes de la cantidad, que deterioran la calidad.
Los afanes equivocados de algunos compositores de pretender demostrar superioridad por el número de canciones grabadas, los llevan a caer fácilmente en ciertas ingenuidades, entre ellas, la de plagiar versos y melodías.
En el podio de los juglares, el maestro Abel Antonio Villa tuvo la fama de adueñarse de muchas canciones. Un caso jocoso: grabó “El Ramillete”, de José Antonio Serna, lo firmó de su autoría y en uno de sus versos para conservar la rima original, cantaba:… “yo soy Abel Antonio Serna”.
Otro maestro contemporáneo, Juancho Polo Valencia, en una de las piquerias con Abel Antonio, lo remata con estos versos:











