BITÁCORA
Por: Oscar Ariza
La queja de quienes se consideran defensores del idioma hasta el punto que han constituido una élite que se fortifica en las academias de la lengua, diccionarios y la gramática para discriminar a todo aquel que se atreva a innovar con términos o palabras en su derecho natural de ser hablantes nativos de un idioma, ha caído en sempiternas y dogmáticas discusiones que se niegan a reconocer que las lenguas cambian constantemente sin que se puedan frenar estas transformaciones por influencias externas, muchos menos por las internas que son producto de la creatividad a que todo hablante apela como usuario de su lengua.






