Hoy creo en lo mismo que hace doce años: “El imperio de la Ley como máxima norma de convivencia y ‘llave’ de una paz perdurable; la seguridad para todos como derecho inalienable y bien fundante para cualquier proyecto de desarrollo y de Nación; el respeto a la legítima propiedad privada, la recuperación del campo como política de Estado…”.
Así escribía en junio de 2014, cuando Santos buscaba reelegirse sometiendo al país a la encerrona de ser amigos o enemigos de la paz y, como ejemplo para estos últimos, Fedegán era víctima de una persecución oficial sin precedentes, aunque no éramos enemigos de la paz, sino de las negociaciones que acordaron impunidad y una reforma rural con quienes habían destruido el campo y perseguido a los ganaderos durante décadas.
En noviembre de ese año, Santos fue a nuestro Congreso Nacional a vender “su paz” e indisponer a los ganaderos contra su dirigencia con una advertencia: “los gremios no están para hacer política”.






