Por Gustavo Cotes Medina
En el mes de mayo de 2012, comentamos en El Pilón que el Coltán, mezcla de los minerales columbita y tantalita, dos grandes conductores de energía escasos en el mundo y fundamentales en la industria tecnológica de hoy, se está explotando en forma ilegal desde hace tres años por una población mayoritaria de indígenas y colonos que producen al mes un promedio de 60 toneladas en la región del Guainía.
Estas piedras protagonizan en forma silenciosa una historia confusa que le ha cambiado la vida a esta zona del país, donde los compradores extranjeros y la guerrilla colombiana están haciendo su agosto con el coltán, el oro azul colombiano. Se estima que los intermediarios de las multinacionales están pagando en la selva hasta 20 millones de pesos por tonelada.
Las autoridades mineras dicen que no han encontrado depósitos importantes de estos minerales en el país, pero todo parece indicar que en la montaña llamada Cerro Tigre, en pleno corazón del Parque Nacional, se está explotando una mina a cielo abierto en forma rudimentaria e ilegal, con presencia del cartel de Sinaloa, de México, y ante los ojos dormidos del Estado colombiano.






