Julio César Contreras y Efrén Cardales viven en Valledupar desde hace más de cinco años, ambos provienen de regiones distintas, uno es del departamento de La Guajira y el otro de Bolívar.
Los dos deben enfrentarse cada día a dos grandes realidades. La primera es que los dos hacen parte de los miles de desempleados que viven en Valledupar y se ven obligados a recurrir a la informalidad, convertida, en esta ocasión, en la limpieza de vidrios de carros en los semáforos de la ciudad.
La segunda: ser objeto de críticas e insultos de forma constantes por los conductores, a quienes ellos dicen entender, porque algunos ‘empañan’ su labor.






