A este respecto, nos parece importante lo que anota el Instituto Geográfico Agustín Codazzi en el año 2012, 22 millones de hectáreas tienen vocación agrícola, nos referimos aquí en Colombia, 4 millones vocación agroforestal y 15 millones vocación ganadera. Sin embargo, cerca de 7 millones de hectáreas se utilizan para agricultura y cerca de 39 millones de hectáreas se utilizan para ganadería extensiva (la que genera metano y no la que secuestra carbono). En resumen, nuestros suelos tienen un prado de degradación que sigue estando un poco oculto en el debate público.
Según el instituto SINCHI (Instituto Amazónico de Investigaciones Científica) -este instituto tiene como objeto la realización, coordinación y divulgación de estudios e investigaciones científicas de alto nivel relacionados con la realidad biológica, social y ecológica de la región amazónica- una hectárea de suelo, por ejemplo, en la Amazonia colombiana, puede almacenar cerca del 32% del carbono que almacena la capa vegetal (árboles por ser simplistas). Este dato expone dos puntos de análisis sobre su importancia. Por una parte, el suelo es un sumidero de carbono que sirve como medida de mitigación ante el cambio climático. Pero por otra, necesitamos de materia orgánica que permita recuperar los suelos para que sean dichos sumideros. Ella puede llegar por medio de más capa vegetal.
Para poder recuperar los suelos, necesitamos primero recuperar la capa vegetal que debe haber sobre él. Esto puede hacerse por medio de la regeneración natural o la siembra de árboles idóneos para ello (ojo, no todo tipo de árboles). Ellos, quienes, por medio de la fotosíntesis, logran transferir el carbono hacia el suelo, por medio de sus raíces. Lo anterior podría interpretarse como un juego de huevo y gallina: necesitamos primero recuperar los suelos para poder garantizar que la siembra de árboles cumpla con su función de valor de capturar carbono, pero también necesitamos, sembrar árboles, pero si lo hacemos en suelos que no están sanos, ellos no van a crecer y prosperar.











