Desde el pasado 10 de enero el gobierno de Venezuela es ilegal e ilegítimo. Si bien esto no es nuevo, porque en elecciones anteriores sucedió lo mismo, en este caso sí hay pruebas de que Maduro y sus secuaces se robaron la presidencia. El tema fue descarado porque la diferencia en la votación, según fotos de las actas que la oposición logró reunir y clasificar, fue abrumadora. Se habla, en el peor escenario para Edmundo González, de una relación 70-30. Pero aquí, además de la enorme diferencia que se presentó, está más que claro que si todos los venezolanos hubieran votado, la diferencia habría sido de 90-10 en favor de la oposición. Millones de venezolanos, regados por el mundo y de ellos muchos en Colombia, no recibieron el aval para sufragar el 10 de enero por lo que no pudieron participar de esa “amañada fiesta democrática”.
Desde hace unos días ya podemos afirmar que Maduro y su gente son usurpadores, pero de verdad, verdad. A la usanza de la izquierda que en casos como los de Ortega en Nicaragua y los Castro-Díaz Canel en Cuba, el régimen se adueñó del país como si fuera su finca, su hacienda; hace lo que le da la gana, viola los derechos humanos, se roba el petróleo, ha sometido a Venezuela a una crisis económica sin precedentes y tiene cooptados a los altos mandos militares que, gracias a la corrupción que les han ofrecido, son millonarios y viven, ellos sí, sabroso…
Ha sido extraordinario lo que personajes como Milei y Bukele han hecho por estos días. Sin temor, sin miedo y seguros de que ese es el camino, han empezado a perseguir al régimen y a hacer pública su ilegalidad. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca -a partir del 20 de enero- y con otros estados que se están vinculando a esta lucha, el panorama parece complicarse cada vez más. Les soy sincero: esperé que el 10 de enero pasara algo contundente en contra de la mal llamada posesión de Maduro; pensé que las calles se llenarían de venezolanos ávidos de verlo salir “con el rabo entre las patas”, pero después comprendí que al haber desplegado la batería antiaérea y al haber armado a los colectivos chavistas, esa reacción o cualquiera similar, habría sido un suicidio. Los días por venir serán clave para que el régimen continúe recorriendo su espiral de desgaste y de desprestigio. Los venezolanos están hoy más unidos que nunca y María Corina Machado, la gran María Corina, es y seguirá cumpliendo un papel determinante para liquidar lo poco que queda del chavismo.
¿Por qué tanto silencio de Colombia, Brasil y México? ¿Por qué Petro, Lula y Claudia Sheinbaum no intervienen, no presionan y no dejan al régimen al descubierto? Sencillo, ya lo hemos dicho: a la izquierda latinoamericana no le conviene que se sepa lo que ha causado en Venezuela. Es lógico que, una vez el régimen caiga, el país seguirá existiendo. Esa existencia implica que alguien llegará a gobernar y esa llegada implicará conocer a profundidad lo que ha pasado, lo que han hecho, el daño que han causado. Obviamente todo eso se haría público y esto generaría rechazo a esa ideología mamerta que, sostenemos, es la más eficaz máquina de creación de miseria y pobreza, que, a su vez, permite que sólo gobernantes y quienes los sostienen en el poder, vivan cómodamente y a manos llenas. Es una estrategia de “hoy por ti, mañana por mí”. Ese “trío dinámico” sabe que sus proyectos, los que están desarrollando en sus países, se verían directamente afectados al relacionarlos con el chavismo. La ecuación es clara, no hay que ser magos para comprenderla. Pero, además, porque en casos como el de Colombia, Petro recibió financiación venezolana para su campaña; sus aliados, los guerrilleros de las FARC y los narcoterroristas que protege, sostiene negocios mafiosos con el gobierno venezolano, cuyo verdadero nombre es el cartel de los soles.
Petro y Maduro son los mismo, quieren lo mismo y sueñan lo mismo. De cada uno de nosotros depende que esto no se replique en Colombia, en donde, aunque han avanzado mucho, el tiempo juega en su contra. ¡La vía militar es la única salida para Venezuela!
Por: Jorge Eduardo Ávila.







