Un invierno insistente se cernía sobre Valledupar, había una desazón soterrada en todos, por la violencia que no cesaba, por el contrario se hacía más cruda por momentos. Era el 13 de septiembre de 1995, cuando Elisa Clara Rodríguez Fuentes salió del consultorio odontológico de su hermana Maigo, con otra hermana, Ana Cristina, y sintió una sensación de angustia, como un presentimiento que se acrecentaba con la opacidad que producía la tenue lluvia.
Al rato la angustia subió a niveles dolorosos, de una realidad insufrible, la anagnórisis de que habla Aristóteles en La Poética; eran las doce del día y su hermana Maigo, delante de mucha gente, fue sacada del edificio por la guerrilla. Se la llevaron hombres armados, y nunca la volvió a ver.
La angustia se hizo colectiva, la guerra, la sinrazón no tenía explicación, sobrecogía, se ensañaba y esa vez lo hizo con una joven profesional, juiciosa y trabajadora. Las miradas se dirigían hacia el camino de La Pedregosa, por donde decían los que vieron que se la habían llevado. ¡Se dijeron tantas cosas!
Elisa Clara no se explaya en hablar de esos momentos, contesta con frases precisas, inteligentes, habla su sentir, reprime el dolor para poder contestar.











