El Cesar fue testigo durante décadas de cómo se usó la inteligencia humana para fines de guerra, violencia, dinero, o las tres cosas juntas, y eso fue ampliamente documentado en las páginas negras de la historia de Colombia, a través de la práctica del secuestro por parte de los grupos insurgentes y paramilitares que operan en este Departamento.
La guerrilla de las Farc, el Eln, las Autodefensas Unidas de Colombia, no dejaron rincón del Cesar sin atacar, así como tampoco sector alguno de la sociedad sin afectar con sus terribles prácticas en procura de las ideologías que en su momento los impulsó. De manera que con el fin de financiar sus actividades, las guerrillas empezaron a hacer secuestros por cortos tiempos, con fines lucrativos en las vías, de forma sorpresiva y reteniendo a varias personas, según ellos seleccionados sistemáticamente. Se les llamó “pescas milagrosas”.
El turismo no fue la actividad económica más rentable de la época, pero esos años si hubo incontables ganancias para los grupos guerrilleros que transitaban como les vino en gana por los caminos rurales y vías terciarias.











