Antes de su desaparición en mayo de 2007, Rafael Enrique Núñez Tapia trabajaba como celador en la Alcaldía del municipio de El Copey. Por su amabilidad, gozaba del aprecio de todos con los que trataba. Vivía solo, pero mantenía comunicación telefónica con sus hijas.
En promedio, cada dos meses lo visitaban y le recordaban su preocupación por la crítica situación de orden público que atravesaba el municipio. “La desaparición de mi papá coincide con el delicado estado de salud de mi mamá, la cual estuvo internada en una clínica de Santa Marta. Cuando ella da muestras de recuperación decido junto a mi hermana viajar a El Copey porque teníamos varios meses de no saber de él”, manifestó Alba Núñez, hija de Rafael Enrique.
Al llegar, cuenta, algunas personas le dijeron que había muerto ahogado en un jagüey cercano. “Empezamos a buscarlo por todos lados, nadie nos daba razón de su paradero. ¿Por qué un mes después de lo ocurrido, ninguno de los vecinos se comunicó con nosotras si nos conocían y sabían cómo ubicarnos?”, se cuestiona Alba.











