Otra de las realidades mágicas que Gabo encontró en el Valle de Upar, fueron los siguientes relatos, que le contó la maestra Ruth Ariza Cotes: ‘’Cuando llegaron los primeros radios a Valledupar, los vallenatos no entendían cómo un hombre se podía meter, dentro de un aparato tan chiquito y poder hablar dentro de él; por ello, muchos desbarataron su radio para ver si adentro estaban los hombrecitos”.
Escuchó extasiado que, en esas épocas, en que a los bombillos, los vallenatos les llamaban calabacitos alumbradores, cuando iban al cine y en las películas había una pelea de boxeo, los espectadores gritaban: “Dale, ¡dale! ¡Arremátalo!”, como si los personajes los estuvieran oyendo y tomaban partido. Durante las películas a veces venía un tren, y entonces salían despavoridos de sus asientos, para que no los atropellara; y si dos novios aparecían besándose, les gritaban: “¡chúpalo! ¡Chúpalo!”.
Una noticia que lo sorprendió por la ternura, fue que cuando llegaron los primeros carros a la ciudad, de Marca Ford, una ancianita que compraba dos centavos de petróleo, salió corriendo al oír la algarabía, y alcanzó a ver el primero en llegar al pueblo. En su imaginación exclamó: “¡Es un animal!, y sus pies son redondos (las ruedas), tiene dos ojos que botan candela (los focos). Pobre animal, debe venir muy cansado y con hambre ¡y habla gritando como ronco!”.











