El sol de enero es abrasador en San Diego. Rescoldos de brisas decembrinas aún se dejan sentir. Algunos vecinos del pueblo ven pasar las horas del domingo sentados en la terraza de sus viviendas, al abrigo de árboles de mango y de higuito. Otros, hacen cualquier cosa. Barrer el frente, tomarse unos tragos o reparar en el foráneo. Un poblador del barrio Arabia apura los tragos de una garrafa de cerveza mientras escucha canciones de Diomedes Díaz. Tiene fama de bebedor empedernido, según se aprecia.
A través del equipo de sonido, se siguen una decena de canciones de Diomedes, entre ellas, La Juntera. Fabio López –el acordeonero de todos los festivales–, también habitante del barrio Arabia, ha salido a una diligencia, pero no demora en llegar a casa.
Ay, las sabanas de La Junta/ Testigo de mi sufrir/ Ay, las sabanas de La Junta/ Testigo de mi sufrir/ Ellas le pueden decir/ Lo mucho que usted me gusta/ Ellas le pueden decir/ Lo mucho que usted me gusta.











