Definitivamente si uno quiere enterarse de lo que realmente pasa en Venezuela de manera objetiva, debe dejar de ver o leer la prensa nacional, independientemente cual sea su tendencia política, porque no me dejarán mentir que a ese punto llegamos donde lastimosamente la prensa cayó en ese oscuro hueco de tomar partido frente a temas donde debería ser neutral y objetiva. Y lo digo porque en el caso de Venezuela los unos piensan y escriben con el deseo y los otros endiosan al dictador cual héroe patrio que “lucha por los más necesitados”. ¿Hasta cuándo? Pues no sabemos, mientras le sea útil a los intereses geoestratégicos y geopolíticos de sus socios poderosos, Rusia y China, y quién lo creyera, también de los Estados Unidos, pues hasta ese día estará.
Si Maduro es tan malo, tan perverso, tan criminal (que no hay duda que lo es) ¿qué lo mantiene en el poder? ¿Por qué en otras latitudes y en el mismo vecindario incluso, la mano poderosa del “tío Sam” se ha cargado a muchos dictadores que le fueron útiles por décadas y en su santiamén caen en desgracia y son removidos en cuestión de días? La respuesta quizá está en un cambio de método, lo que antes se hacía con la intervención de los marines, hoy se hace desde adentro para que sea de una manera “democrática”, es decir, a través de las urnas, donde el pueblo cansado lo saque del poder; al menos, eso está lejos que suceda en Venezuela.
Desde que Chávez llegó al poder han intentado por todos los medios desmontar esa dictadura a través de una oposición que prácticamente la dejaron sola. Desde Pedro Carmona, Antonio Ledezma, Julio Borges, Henrique Capriles, Manuel Rosales, Leopoldo López, María Corina Machado, Juan Guaidó, que llegó a tener una “presidencia interina”, y, de nuevo, María Corina, ahora en cuerpo de Edmundo González, un veterano diplomático a quien están alentando para que vaya a Venezuela y asuma el poder como ganador de las elecciones presidenciales del 28 de julio del 2024. La pregunta es: ¿cuál poder va a asumir y con el respaldo de quién? Porque nadie va a mover un dedo, al menos los que pueden y tienen como, para que González asuma.
Insisto, pusieron a la oposición, tanto interna como externa, a hacer el ridículo internacional para evitar que Maduro asumiera el poder nuevamente y, cuando me refiero a la oposición externa, me refiero a unos personajes que han asumido ese papel para que a través de los mecanismos diplomáticos o la aplicación de la justicia internacional puedan sacar al dictador. Sin embargo, ninguna de las dos ha funcionado, y para mencionarlos están: el expresidente del gobierno español Felipe González; de Colombia, Andrés Pastrana, Iván Duque y Álvaro Uribe; el senador latino Marco Rubio, entre otros, sumado a periodistas y líderes de opinión del hemisferio. ¿El resultado? Ninguno hasta ahora. Ahora bien, ¿entonces por qué los esfuerzos terminan en nada, cada vez que se intenta derrocar al tirano? Pues hasta donde yo lo veo, para Estados Unidos, Maduro es un elemento indeseable para los venezolanos exiliados, para sectores de América latina que no lo quieren y para un sector del mundo, pero mientras sea el principal socio en suministro de petróleo para ellos, pues será un hijueputa, pero será su hijueputa.
Los que piden intervención militar en Venezuela están pensando con el deseo, ni China, Irán, Corea del Norte ni Rusia van a permitir que Estados Unidos se les meta en su patio con una campaña militar. A mi juicio, están bastante ocupados en Ucrania, Siria, y el tierrero que armó Netanyaju en Medio Oriente. Esto sumado a las tensiones en Taiwán, la probable guerra comercial que inicie Donald Trump contra China cuando asuma el poder y todos los frentes abiertos por Estados Unidos en todo el planeta. Dicho de otra manera, Venezuela es una piedra en el zapato para todo el mundo, menos para el país del norte, porque si alguien sabe jugar estratégicamente cuidando sus intereses son ellos.
Maduro va a caer, pero no será por ahora, el papel de María Corina y los demás no va a pasar de ahí, una escaramuza y una propaganda anti-Maduro que solo sirve para exacerbar los ánimos y hacer que el odio hacia el tirano crezca y algún día la revuelta sea tan grande que su mismo pueblo se encargue de sacarlo del poder.
Por: Eloy Gutiérrez Anaya.






