En Valledupar, la fe se vive desde los más pequeños. Una semana antes de iniciar la Semana Santa, decenas de niños se visten de nazarenos y sayones para recorrer las calles en una procesión, acompañando el recorrido del Jesús Nazareno desde su entrada a Jerusalén hasta el día de su crucifixión, lo que, más que un acto religioso, es una tradición que lleva generaciones.
Desde la Catedral Nuestra Señora del Rosario parte este recorrido en el que los más pequeños acompañan a la Virgen en su dolor y viven la pasión de Cristo acompañados de sus familias.
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En las tardes, las túnicas moradas se adueñan de las calles del centro histórico. Algunos niños sostienen cruces y van rezando el rosario a lo largo del recorrido, mientras los sayones vigilan el Santo Sepulcro e impiden el paso del Nazareno hacia el Gólgota.
La procesión infantil no solo antecede a las celebraciones mayores, sino que también va preparando a los creyentes más pequeños en su camino de fe, para que más adelante puedan participar en los rituales que se celebran en la Semana Santa.
Para muchas familias, esto representa una herencia, y hay niños que, desde el vientre, ya son consagrados nazarenos o sayones por sus padres como acto de agradecimiento a Jesús por haber traído al niño a la vida con salud. Algunos niños son encomendados al Nazareno porque, durante el embarazo o el parto, la madre atraviesa por complicaciones y piden al Nazareno el milagro de traer al pequeño con vida.







