El Domingo de Ramos marca el comienzo de la Semana Santa en la tradición católica y representa uno de los momentos más simbólicos del calendario litúrgico.
Esta fecha conmemora la entrada de Jesucristo a Jerusalén, un episodio cargado de alegría popular, pero también de un profundo significado espiritual que anticipa los días de la pasión, muerte y resurrección.
Uno de los elementos más representativos de este día son los ramos, que evocan el gesto del pueblo que, sin riquezas materiales, utilizó lo que tenía a su alcance para honrar la llegada de Jesús. A esto se suma una liturgia que combina el tono festivo con el anuncio de lo que vendrá.
La puerta de la Semana Santa
El sacerdote Enrique Iseda, explicó en diálogo con EL PILÓN, que esta fecha abre el camino de la Semana Santa con un contraste entre la expectativa del pueblo y el verdadero mensaje de Jesús:
“El Domingo de Ramos prácticamente como la puerta de la Semana Santa y conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, porque lo reciben con muchísima alegría… esperaban un Mesías con poder, pero se dan cuenta que viene a predicar el amor y el perdón al enemigo”.
También resaltó el valor simbólico de los gestos de ese momento: “Los pobres que no tenían alfombras para ponerle a su paso, tenían ramos de olivo… Jesús muestra que su reino es un reino de humildad, de sencillez, de entrega, de trabajo y de amor”.
Más allá del ambiente festivo, la liturgia introduce desde este día el núcleo del mensaje religioso: “Es un domingo en el cual se anuncia la pasión, porque se proclama el Evangelio completo de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo… En el fondo está el anuncio de la pasión, la muerte y la resurrección”.






