En estos tiempos de polarización inquebrantable, Diego Bautista tiene claro que la paz de Colombia no se alcanzará desde la distancia y el olvido bogotano. Sabe que de poco ha servido insistir tanto en llevar el Estado a las regiones para contrarrestar la violencia y lograr las transformaciones sociales. Por eso plantea que el país debe reconstruirse en los territorios con sus propias instituciones, su gente y su diversidad. Aunque es consciente que esto demanda muchos esfuerzos económicos y logísticos, Diego se aferra a una herramienta milenaria para salir del atolladero: el lenguaje, un diálogo que no se reduzca al mezquino yo con yo.
¿Cómo exasesor de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz cuál fue tu papel en el acuerdo de La Habana?
Yo fui invitado por el entonces comisionado de Paz Sergio Jaramillo para trabajar en su propuesta de Paz Territorial cuando el proceso ya estaba en la etapa de negociación. Esta era una propuesta muy interesante para pensar en la paz más allá de la dejación de armas de un grupo, y hoy sigue vigente incluso mucho más allá de los textos de los acuerdos de paz que se firmaron. También trabajé en una propuesta de lo que debería haber sido un arreglo institucional más organizado para la implementación. Y finalmente, acompañé a la mesa de negociaciones en La Habana en aportes técnicos para el punto 1, el de la aún hoy pendiente Reforma Rural, particularmente en el al diseño de lo que hoy conocemos todos como los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, los PDET. Recuerdo que esto se planteó y se acordó como una alternativa más incluyente a la propuesta que tenían las FARC en la mesa, de la instalación de unas colonias agrícolas.
¿Cómo es eso de la Paz Territorial?
Es un concepto simple y poderoso a la vez. Recoge el estribillo eterno de “más presencia del Estado en el territorio”, pero a diferencia de “llevar el Estado al territorio” como se ha hecho siempre y se sigue insistiendo desde Bogotá, lo que se propone es “reconstruir el Estado desde el territorio” y se subraya el “desde”: con sus instituciones y su gente, en su diversidad y diferencias, pero asumiendo responsabilidades. Eso siempre estuvo en el centro de los Acuerdos, planteado como la oportunidad para que una vez cerrado ese doloroso y estorboso conflicto, ya en una fase de construcción de paz, todos aquí y ya no un grupito de gente en La Habana, nos arremangáramos desde las regiones para construir las instituciones que garantizarían los derechos de la gente en cualquier parte del territorio. Era la oportunidad planteada para una etapa de construcción de paz que nunca comenzó.











