El último libro que leí al terminar el año 2021 fue ‘La cacería de los perturbados’, de Carlos César Silva. Una compilación de trece cuentos cuál más apasionante, atrapadores, de esos que van dejando una sensación extraña de deseos de llorar por la perturbación del ser humano o de alegría por la magia que derrocha el autor, una magia sólida, que lo lleva a ser punzante, claro, arriesgado al contar las historias sin ambages.
‘La cacería de los perturbados’ no es una gran obra, no, son trece grandes obras, que en la categoría de cuento destaca con elegancia el desarreglo, la turbación en que viven los seres humanos.
Mi interés por el libro se puso de manifiesto cuando “Lina, desnuda, con la mirada perdida usando como banda sonora de su momento la voz de Chavela Vargas, sueña con su muerte o busca hundirse en el olvido”. Y no decayó, porque me resistí a terminar con “Claudia anhelando hundirse en las noches de él, sí, de él…”. Siempre es duro terminar con un anhelo, con un deseo y más cuando uno se mete de lleno en la narración que lo ha atrapado.











