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Columnista - 22 julio, 2024

El resentido social

El resentimiento es una emoción negativa y persistente que surge por una combinación de ira, amargura y frustración, y a menudo se alimenta de pensamientos recurrentes de envidia.

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La verdadera personalidad de un hombre es saber reconocer y aceptar su origen, sus amistades y su familia que no es necesario que sea perfecta, pero sí unida; en esto se fundamenta el respeto social que le hace incluyente y admirado por su medio. Cuando se maneja lo contrario se encuentra el desprecio que es el origen del resentimiento.

El resentido social es un individuo que, debido a experiencias negativas, o percepciones de indiferencias, desarrolla sentimientos profundos de recelos hacia la sociedad, grupos de personas o ante cualquier persona que emane éxito, que le pueda superar y cause malestar ante aquel frustrado que cuando por casualidad goza de alcurnia sin control, nunca podrá tener realce bajo ningún aspecto, pues no se le prestan sus capacidades intelectuales, ni mucho menos el don de gente,  que cuando es escaso, destruye.

La exclusión social o el fracaso y rechazo, aceleran hacia el odio de todo lo que les rodea, empezando por sus amistades, luego con la sociedad en general y termina con su propia familia. He estudiado mucho sobre este tema característico en mi provincia como en muchas regiones del país, donde la pobreza, raza y falta de formación primaria, pesan menos que lo que pesa la ignorancia que cuando es presa fácil del soberbio y arrogante que tiene facilidades de esas que brinda la tecnología, difunde sin temor alguno su desprecio hacia todo lo que le quita atención y lo hace a través de la manipulación de la información, propia de la prensa amarilla y del mediocre.

Llamar la atención a través de polémicas en base a mentiras, verdades a medias e intereses de figuración, para tratar de realzar algo que no se posee, o atacar a alguien, como lo hacen muchos comentaristas que para enredar la información se valen de la prensa amarilla, que no es sino el medio de expresión de los falsos ideólogos para exponer sus chismes y descontrolar a la opinión pública y así voltear los resultados de la verdad verdadera, esa es su estrategia. Cuando se quiera destruir a alguien, para el resentido, este es su medio preferido.

El resentimiento es una emoción negativa y persistente que surge por una combinación de ira, amargura y frustración, y a menudo se alimenta de pensamientos recurrentes de envidia. Este sentimiento puede erosionar el bienestar emocional, creando una actitud de hostilidad hacia los demás. Si no se le da manejo puede afectar hasta la salud mental.

Está relacionado con la calumnia y como emoción negativa se da en el holgazán quien con sus percepciones de inequidad busca difundir mentiras dañinas sobre alguien, pero solo lo hace como un medio para desquitarse de algo o de alguien a través del descrédito, proyectando su frustración y su dolor solo para dañar las relaciones y el tejido social.

También está relacionado con el desprecio, pero con diferencias. El uno inspira amargura y frustración, el otro implica una actitud de superioridad y desdén hacia otra persona, considerándola inferior o sin valor.  Mientras que el uno se centra en el dolor percibido, el otro se manifiesta en la falta de respeto y menosprecio. 

Para el resentido, la discriminación social, en especial para el presuntuoso, locuaz y cretino, que se cree el amo y señor de los cielos, es fatal. El fracaso, en el ámbito laboral, profesional, académico, político o personal, pueden contribuir al resentimiento. Cuando las personas sienten que no pueden alcanzar sus metas, empiezan a culpar a la sociedad por sus fracasos.

Las personas que sienten resentimiento tienden a aislarse de la sociedad y solo consiguen aumentar su dolor.

El individuo resentido puede sentirse atraído por ideologías extremistas que su mente enferma acepta como una solución a sus problemas, pero solo es una forma de vengarse de la sociedad a la que perciben como su enemiga. Terminan luego renegando de Dios y el ego los aparta de Él.

El resentimiento obsesivo lleva a la desestabilidad emocional, y esta mata como el peor asesino a sueldo, a sangre fría, tal que, algunos llegan a sentirse tan dueños del mundo que les rodea, que todo lo que no pertenezca a su medio por cuestiones del destino, como lo son sus perseguidos, se tomen la autonomía de desterrar de sus cercados, prendiendo la fiesta del rencor para que sus cómplices disfruten de ella.

Conozco a muchos, que habiendo nacido bajo la educación moral que solo se da en los hogares donde la dignidad es un verdadero valor humano, nunca la aprovecharon y son lo que son: resentidos sociales de peligro.

El resentido social se convierte en mediocre, y el mediocre no se cura jamás, pues la sensación de amargura y soledad total le trastornan en forma permanente que termina besándole los pies a Dioniso, el dios de la locura, y el vino para seguir embriagándose con las pócimas de la mediocridad hasta encontrar el alcoholismo y solo así poder esconder su enfermedad.

Por: Fausto Cotes N.

Columnista
22 julio, 2024

El resentido social

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Fausto Cotes

El resentimiento es una emoción negativa y persistente que surge por una combinación de ira, amargura y frustración, y a menudo se alimenta de pensamientos recurrentes de envidia.


La verdadera personalidad de un hombre es saber reconocer y aceptar su origen, sus amistades y su familia que no es necesario que sea perfecta, pero sí unida; en esto se fundamenta el respeto social que le hace incluyente y admirado por su medio. Cuando se maneja lo contrario se encuentra el desprecio que es el origen del resentimiento.

El resentido social es un individuo que, debido a experiencias negativas, o percepciones de indiferencias, desarrolla sentimientos profundos de recelos hacia la sociedad, grupos de personas o ante cualquier persona que emane éxito, que le pueda superar y cause malestar ante aquel frustrado que cuando por casualidad goza de alcurnia sin control, nunca podrá tener realce bajo ningún aspecto, pues no se le prestan sus capacidades intelectuales, ni mucho menos el don de gente,  que cuando es escaso, destruye.

La exclusión social o el fracaso y rechazo, aceleran hacia el odio de todo lo que les rodea, empezando por sus amistades, luego con la sociedad en general y termina con su propia familia. He estudiado mucho sobre este tema característico en mi provincia como en muchas regiones del país, donde la pobreza, raza y falta de formación primaria, pesan menos que lo que pesa la ignorancia que cuando es presa fácil del soberbio y arrogante que tiene facilidades de esas que brinda la tecnología, difunde sin temor alguno su desprecio hacia todo lo que le quita atención y lo hace a través de la manipulación de la información, propia de la prensa amarilla y del mediocre.

Llamar la atención a través de polémicas en base a mentiras, verdades a medias e intereses de figuración, para tratar de realzar algo que no se posee, o atacar a alguien, como lo hacen muchos comentaristas que para enredar la información se valen de la prensa amarilla, que no es sino el medio de expresión de los falsos ideólogos para exponer sus chismes y descontrolar a la opinión pública y así voltear los resultados de la verdad verdadera, esa es su estrategia. Cuando se quiera destruir a alguien, para el resentido, este es su medio preferido.

El resentimiento es una emoción negativa y persistente que surge por una combinación de ira, amargura y frustración, y a menudo se alimenta de pensamientos recurrentes de envidia. Este sentimiento puede erosionar el bienestar emocional, creando una actitud de hostilidad hacia los demás. Si no se le da manejo puede afectar hasta la salud mental.

Está relacionado con la calumnia y como emoción negativa se da en el holgazán quien con sus percepciones de inequidad busca difundir mentiras dañinas sobre alguien, pero solo lo hace como un medio para desquitarse de algo o de alguien a través del descrédito, proyectando su frustración y su dolor solo para dañar las relaciones y el tejido social.

También está relacionado con el desprecio, pero con diferencias. El uno inspira amargura y frustración, el otro implica una actitud de superioridad y desdén hacia otra persona, considerándola inferior o sin valor.  Mientras que el uno se centra en el dolor percibido, el otro se manifiesta en la falta de respeto y menosprecio. 

Para el resentido, la discriminación social, en especial para el presuntuoso, locuaz y cretino, que se cree el amo y señor de los cielos, es fatal. El fracaso, en el ámbito laboral, profesional, académico, político o personal, pueden contribuir al resentimiento. Cuando las personas sienten que no pueden alcanzar sus metas, empiezan a culpar a la sociedad por sus fracasos.

Las personas que sienten resentimiento tienden a aislarse de la sociedad y solo consiguen aumentar su dolor.

El individuo resentido puede sentirse atraído por ideologías extremistas que su mente enferma acepta como una solución a sus problemas, pero solo es una forma de vengarse de la sociedad a la que perciben como su enemiga. Terminan luego renegando de Dios y el ego los aparta de Él.

El resentimiento obsesivo lleva a la desestabilidad emocional, y esta mata como el peor asesino a sueldo, a sangre fría, tal que, algunos llegan a sentirse tan dueños del mundo que les rodea, que todo lo que no pertenezca a su medio por cuestiones del destino, como lo son sus perseguidos, se tomen la autonomía de desterrar de sus cercados, prendiendo la fiesta del rencor para que sus cómplices disfruten de ella.

Conozco a muchos, que habiendo nacido bajo la educación moral que solo se da en los hogares donde la dignidad es un verdadero valor humano, nunca la aprovecharon y son lo que son: resentidos sociales de peligro.

El resentido social se convierte en mediocre, y el mediocre no se cura jamás, pues la sensación de amargura y soledad total le trastornan en forma permanente que termina besándole los pies a Dioniso, el dios de la locura, y el vino para seguir embriagándose con las pócimas de la mediocridad hasta encontrar el alcoholismo y solo así poder esconder su enfermedad.

Por: Fausto Cotes N.