28 mayo, 2020

El Paso, un ‘pedazo’ de África

En la lírica de Alejo, una de las formas de composición poética presente, está la égloga, que desarrolla dentro de un marco pastoril, por un poeta innato, que ama el campo con su paisaje, ganados y cuidadores.

Municipio de El Paso, Cesar. 

FOTO/CORTESÍA.

Viene el vaquero, ya viene la vaca viene llegando a la ranchería jei jei jei vaca cara blanca viene marcada para María… jei jei jei”.

El anterior canto de vaquería, de José Antonio Serna, padrino de Alejo Durán, es una muestra de lo que se vivió en El Paso. Según cronistas, historiadores, investigadores y escritores que citan la llegada del primer ganado vacuno a América, en este espacio geográfico del Valle de Upar, este ganado era atendido por negros africanos esclavizados por la trata y contrabando, impuesto por Europa hacia África y su gente, además cuentan que tenían técnicas laborales avanzadas. Recreemos entonces: ¿cómo un joven alcanza y lleva una res al corral?

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Además le cantaba cuando se manejaba en grupos numerosos, de esta manera el canto fue de multipropósito; es decir, sirvió para dominar cantidades de ganados, toda vez que en estado libre o cimarrón, como se le llamó posteriormente, es buen receptor; los vaqueros practicaban en el laboreo colectivo y competitivo al tiempo, porque se generaba el reto del más diestro, lo que no permitía o procuraban no quedar rezagados; era cuestión de honor.

El vaquero sabe que el ganado, en especial la hembra, asimila en un alto porcentaje la melodía impresa con vehemencia en su canto bucólico; que puede ponerle un nombre a una res en el momento de amansarla en su primer parto, y que posteriormente, aun sin crías en estado horro o escotero, se le puede llamar en el potrero o en el  traslado, que con seguridad, el animal notificado responde con un bramido suave y profundo. Por eso, la estrofa de canto de vaquería con que iniciamos este espacio dedicado con esmero al ‘Día nacional de la Afrocolombianidad’,  es una prueba de la identificación con nombres específicos, en este caso, ‘Cara Blanca’, la vaca que está marcada. El ritual está destinado para María; que puede ser su esposa o una hija. 

El canto de vaquería sirvió además para declaraciones amorosas, una vez pasaba un viaje de ganados por un asentamiento, posesión, puesto, caserío o pueblo desarrollado; el vaquero se inspiraba y componía sus versos para una dama específica, a quien referenciaba indirecta o directamente en su canto; también se hacía para saludar familiares o amigos.

De allí salieron los primeros trovadores vallenatos, que oficiaban sin saberlo de pregoneros, mensajeros de eventos sucedidos en ciertas partes y llevados a otras, en sus cantos. En la lírica de Alejo, una de las formas de composición poética presente, está la égloga, que desarrolla dentro de un marco pastoril, por un poeta innato, que ama el campo con su paisaje, ganados y cuidadores.

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En la canción ‘El corralero’, que además se explora el léxico rural, con el verbo ‘jardear’, de la variante dialectal vallenata, netamente campesina, que significa arrear: estimular el ganado de ordeño, para que avive el paso hacia el corral.

Si se oye un grito a lo lejos eso me da en que pensar el grito del corralero jardeando para el corral.

Por: Álvaro Baute