Qué grato fue recibir la buena noticia de la aspiración presidencial de Efraín Cepeda, en representación del histórico y gran partido Conservador, que desde hace muchos años había perdido la vocación de obtener el poder y se había convertido en un apéndice insignificante, que se conformaba con cuotas burocráticas y contratos en pago de su votación, lo que lo había perjudicado a tal grado que pensábamos que, con el tiempo, al igual que al Liberalismo, desapareceríamos del mapa.
Bienvenida su aspiración, doctor Cepeda, pero Sarabia, tiene usted todos los títulos y merecimientos para llegar a la primera magistratura de la Nación, con la experiencia y la sapiencia para sacarla de la crisis monumental que atraviesa; ha demostrado, en más de 30 años de labor parlamentaria, dejar huellas imborrables de su rectitud, verticalidad y capacidad de servirle a los colombianos, pero especialmente a sus hermanos del partido Conservador, que hoy estamos de fiesta, henchidos de felicidad y dispuestos a depositar nuestro voto por usted. Pero no solamente a votar, vamos a trabajar día y noche, motivando a la ciudadanía para que se sume a esta gran y justa causa.
El reto es grande y la batalla va a ser dura. A partir de hoy no hay descanso; no se puede dormir, y usted está acostumbrado a eso, y por ello se ha mantenido invicto en su larga trayectoria política, dejando una estela de servicios oportunos a sus amigos, pero especialmente a su partido, y lo va a consolidar llegando a la Presidencia, cargo que se merece sin ninguna duda, porque su vida la ha dedicado con gran vocación y honradez a servirle a este pobre y sufrido país.
Recuerde que hace 30 años o más lo acompañé al Senado junto a Alfredo Cuello —ya representante, y que, como usted, también se retiró invicto—, Rafael Augusto, Jaime y Daniel Daza, El Ñego Ariza, Carlos y Rodrigo Morón Cuello, Viviana Orozco y varios conservadores más, a Villanueva, a promocionar su nombre, que en la lista al Senado de La Nueva Fuerza Democrática el expresidente Andrés Pastrana incluyó, con amplias posibilidades de salir elegido.
De esta lista hicieron parte más de 20 personas, bien seleccionadas, y salieron elegidos con casi 500 mil votos. Quien la encabezó, Andrés Pastrana Arango, años más tarde presidente de Colombia, y le siguieron en orden: Jorge Hernández Restrepo, de Antioquia; Claudia Blum, del Valle del Cauca; Efraín José Cepeda, del Atlántico; Clara Sanín de Aldana, en Bogotá; Jaime Eduardo Ruíz Llano, también bogotano; Eduardo Pizano de Narváez, otro rolo; y Gustavo Galvis Hernández.
Ocho que después figuraron en altas posiciones como ministros, embajadores y gobernadores. El único que, como un poderoso y prestante varón electoral, siguió en su labor legislativa fue Efraín Cepeda, quien después de 30 años de una brillante carrera y una larga lista de grandes servicios a su país decide decirle adiós al Congreso y poner su nombre a disposición de Colombia, en representación del gran partido Conservador, para llegar a la Presidencia.
Doctor Efraín Cepeda, así lo conocen los colombianos desde Valledupar donde resido, con el Cesar, y desde La Guajira donde nací, concretamente en Villanueva, lo vamos a acompañar como conservadores, pero el abanico debe estar abierto para todo aquel que quiera votar por alguien que con muchos merecimientos desea llegar a la Presidencia y enfrentar con experiencia, pulcritud y gran honradez los gravísimos problemas que hoy nos aquejan. Bienvenida su aspiración, usted merece ser nuestro próximo mandatario y por ello vamos a trabajar a brazo partido.
¿Me pregunto, qué vería en usted el visionario Andrés Pastrana, para incluirlo en su lista y nada menos que en el cuarto lugar? Algo tiene que haber sido y lo que vio fue grande.
Por: José Manuel Aponte Martínez.







