Hace algunos años Barranquilla, la capital del Atlántico y ciudad emblemática de la Costa Caribe, era una de las ciudades con mayores problemas entre las capitales de departamento de todo el país. En efecto, la corrupción, la ineficiencia y la desconfianza de los ciudadanos en su clase dirigente tenían a la “Puerta de Oro de Colombia” en una situación calamitosa.
Varias administraciones consecutivas la habían llevado a ese estado; dejando atrás años de historia, de progreso y desarrollo, teniendo en cuenta que fue la ciudad donde se inició la aviación comercial en el país, importante y dinámico puerto clave para la economía nacional, cuna de importantes escritores, periodistas y poetas, etc; cualidades por las cuales se había labrado un puesto en la geografía, la historia y la economía nacional.
Ante esa situación, los barranquilleros se pellizcaron, habían tocado fondo, y eligieron como Alcalde, a un joven ejecutivo procedente del sector privado, Alex Char Chaljub, que le imprimió un nuevo impulso a su ciudad, a la casa del Junior, a la casa de la selección, y decidió aplicar un estilo de gerencia del sector privado; con eficiencia, transparencia y decisión, y a pesar de haber encontrado la ciudad en Ley 550, logró ganarse la confianza de los ciudadanos, y en particular de los contribuyentes, recuperó el recaudo de los impuestos y las finanzas de la ciudad, desmontó varias concesiones leoninas que la tenían amarrada y pudo volver a invertir en obras públicas, salud y educación, para darle de nuevo brillo a la legendaria Barranquilla.
