Dicen quienes han viajado mucho por distintas ciudades del país y del mundo, que el servicio de taxi de una ciudad dice mucho de sus habitantes, de su cultura y de su estilo de vida.
En efecto, un taxista es mucho más que un simple conductor, debe conocer muy bien su ciudad, ya que – en la práctica- se convierte en un guía de turismo y orienta tanto al propio como al forastero. sobre los distintos sitios de la misma, principalmente a estos últimos, en materia de turismo, restaurantes, hoteles y otro tipo de servicios, cuyas particularidades ellos conocen mejor que nadie.
Y como todo en la vida, entre los taxistas de Valledupar hay de todo: los nativos que se conocen como nadie a su ciudad, que la quieren y buscan que el turista se sienta atraído por ella; una buena parte son atentos con sus clientes y prestan una buena atención; otros son desatentos y hasta groseros y –en los últimos meses- hemos notado, de primera mano, que muchos no conocen a Valledupar; que son nuevos en el oficio y son ellos quienes le piden a los usuarios que le digan el camino que deben tomar para llevarlos a la dirección que necesitan.
En las últimas semanas, los taxistas se venían quejando, y con mucha razón, por la falta de control frente al mototaxismo, por la piratería que los viene afectando y por un problema que ellos mismos están propiciando, el famoso “colectiveo”. Inclusive, habían previsto un paro para el pasado 8 de febrero que la administración municipal logró conjurar.
Nos parece válido que los taxistas se queje por lo que ellos consideran una piratería, ante los taxis con placas de Pereira, Armenia, Dosquebradas y otras ciudades de la zona cafetera. Sin lugar a dudas, no le hace bien a la ciudad la existencia de estos vehículos, que no están oficialmente matriculados en la capital del Cesar, donde circulan, deterioran las vías y lo lógico es que acá deben estar matriculados y pagando los impuestos y tasas respectivas. Sobre este tema la administración, tenemos entendido, está estudiando el problema y ha anunciado tomar cartas en el asunto.
Sobre el complejo problema del mototaxismo, también les asiste mucha razón. Por cuanto, hasta cierto punto, también es una competencia desleal. Pero, insistimos en el tema, en la práctica hoy no se ven alternativas inmediatas de solución a este problema y muchos sectores de la población, por sus bajos ingresos y – ante la falta de alternativa-, no tienen otra opción.
El viernes cientos de taxistas protestaron con una marcha por algunas calles de la ciudad para quejarse por estos problemas, la piratería, el mototaxismo y la necesidad, según ellos de reajustar las tarifas.
Ante esto, no sabemos si por la presión de las protestas o ya las medidas estaban bien estudiadas, la administración municipal decidió reajustar, de manera muy generosa, las tarifas del servicio de taxi en la ciudad; en unas proporciones que, sin lugar a dudas, afectarán seriamente el bolsillo de los usuarios.
Un reajuste de $3.500 a $4.000 pesos en la carrera mínima, equivale a un incremento superior al diez por ciento, cuando el costo de vida subió el año pasado cerca del 4 por ciento. Adicionalmente, se autorizó un recargo de $400 para el servicio solicitado por teléfono y una tarifa de $6.000 al aeropuerto, y otros puntos, y $9.000 a la Cárcel de Máxima Seguridad. En la práctica, serán $4.500, o $5000, en el primer caso, y hasta $10.000, en el tercero, ya que ahora la excusa será que no tienen los quinientos o los mil pesos.
Por supuesto, la gran mayoría de los taxistas deben estar contentos en una primera impresión sobre la medida; pero, en el fondo, un reajuste de esa magnitud, lo que hará, en buena parte, es fomentar aún más el mototaxismo y el llamado colectiveo. Nos preguntamos, ¿cómo va la administración a garantizar que no se presenten abusos con las tarifas antes mencionadas?. ¿Quién protegerá a los usuarios en los casos de los excesos y cómo hacer el reclamo?. Sería conveniente una revisión de estas tarifas y garantizar unos controles efectivos.
Y de manera adicional, insistimos, es necesario que la Alcaldía lidere, junto con instituciones como el Sena, la Cámara de Comercio y los hoteles y restaurantes, una actualización de los taxistas de Valledupar, sobre el conocimiento de la ciudad, atención al usuario, orientación al turista, relaciones humanas y conocimiento y respeto por las normas de tránsito.
Con estas tarifas, de mantenerse, es necesario obligar a las empresas a formalizar y a mejorar sus servicios, tarea que contribuirá a hacer más agradable la utilización del mismo y este, como dijimos al principio, habla mucho del nivel de vida y del bienestar de una ciudad.
