Lo ocurrido el domingo con las consultas internas de varios partidos políticos sólo sucede en Colombia. Se invirtieron miles de millones de pesos, para convocar a los militantes y adeptos de tres importantes partidos y movimientos políticos, el Polo Democrático, el Partido Verde y el Movimiento Mira, pero asistieron muy pocas personas a las urnas y la participación sólo alcanzó el 7 por ciento del potencial de electores.
En todo el país sólo votaron un poco más de medio millón de personas y en el Cesar, según datos de la Registraduría Nacional, sólo alcanzaron 15 mil votos, aproximadamente. Lo que se vivió fue una jornada de apatía, abstención y desinterés, que desdibuja la razón de ser de las consultas internas. No hay derecho.
Reiteramos que somos partidarios y defensores de la democratización interna de los partidos y los movimientos políticos; insistimos en que las consultas son mejores instrumentos que las convenciones amañadas o los bolígrafos, pero de allí a callar sobre lo que sucedió el domingo hay un trecho largo.
Hoy debemos insistir en que no hubo una buena divulgación e información sobre las consultas. Además, hubo poca propaganda política y motivación para la gente, como si las consultas fueran solo un requisito legal y no un ejercicio sincero de democracia interna.
Nos preguntamos, ¿Hasta donde llega la responsabilidad de la Organización Electoral y hasta donde de los Partidos y movimientos políticos, en el fracaso de las consultas del domingo?. Se justifica un esfuerzo tan grande, en tantos municipios, cuando podrían ser consultas más pequeñas y circunscritas a los militantes y simpatizantes de los respectivos partidos y movimientos políticos.
La democratización de los partidos y movimientos políticos es un asunto serio, que requiere un gran esfuerzo de parte de estas mismas organizaciones, que debe incluir una carnetización masiva y un proceso de pedagogía a sus adeptos y las consultas deben ser sólo un instrumento, al final de un proceso de trabajo de campo con la gente, con las masas, con el pueblo…
Según las cifras de la Registraduría Nacional se distribuyeron cerca de ocho millones de tarjetones, se dispusieron 4.931 puestos de votación, en los cuales se ubicaron unas 12.907 mesas electorales. Esta logística resultó exagerada, costosa e ineficiente teniendo en cuenta la escasa participación
Esta bien la democracia, insistimos, máxime al interior de los partidos y movimientos para remplazar el odioso bolígrafo o las convenciones amañadas de ingrata recordación, pero nos preguntamos si estos mismos eventos no se hubieran podido realizar de manera interna, cada organización, sin utilizar a la Organización electoral e incurrir en los costos antes señalados.
El gobierno nacional y los distintos partidos y movimientos políticos deben auspiciar en el Congreso de la República una reglamentación más rigurosa para las consultas internas, que tienen el loable fin de democratizar las organizaciones políticas, pero se debe tener en cuenta, también, una racionalidad económica mínima que sopese si se justifica el gasto en las mismas, cuando no se ha hecho un trabajo de estímulo para asegurar una mayor participación en este tipo de eventos electorales. El debate apenas comienza…
¿Se justifican consultas, cómo las del domingo?
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