EDITORIAL

Reflexiones sobre la muerte de Cano y el futuro de las FARC

La muerte de Alfonso Cano, máximo líder de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), representa, sin lugar dudas, un duro golpe para esa organización y un gran triunfo para el Ejército Nacional, y particularmente para el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón. En efecto, en momentos en que se venía hablando de […]

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La muerte de Alfonso Cano, máximo líder de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), representa, sin lugar dudas, un duro golpe para esa organización y un gran triunfo para el Ejército Nacional, y particularmente para el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón.
En efecto, en momentos en que se venía hablando de un deterioro en la seguridad, por los problemas de orden público en varias zonas del país, inclusive de una supuesta desmoralización de las tropas, este hecho significa que la Política de Seguridad Democrática sigue firme y dando buenos frutos, más ahora con el liderazgo de Juan Carlos Pinzón en el Ministerio de Defensa, quien la ha imprimido unos nuevos aires a ese cargo por su procedencia y por su estilo.
La muerte de Cano genera una gran incertidumbre sobre el futuro de esa organización armada, y seguramente originará más deserciones en la misma, a la que cada vez se le reduce su accionar militar y se le acaban sus espacios políticos. Cano, quien había realizado estudios de Antropología en la Universidad Nacional, y procedía de una familia de clase media muy acomodada, y representaba para algunos sectores del país la parte civilista de las FARC y la posibilidad de una salida dialogada al conflicto armado.
Adicionalmente, con el actual gobierno que ha promovido una Ley de ayuda a las víctimas del conflicto, una nueva legislación sobre la tierra y muchas políticas sociales de avanzada, se creía que se podría lograr el acercamiento con esa agrupación con fin de buscar un escenario de diálogos.
Es probable que con Cano se haya perdido una oportunidad de diálogo con las FARC.  Ahora con su fallecimiento es probable que llegue a la cabeza de las FARC, alguien con un perfil más militarista, como puede ser el caso de alias Iván Márquez, alias Timochenco, o Joaquín Gómez, muy conocido por estas tierras por ser oriundo de Fonseca, (Guajira).
Independientemente de lo anterior, es cierto lo que ha dicho el Presidente Santos, no es el momento de triunfalismos sino que, por el contrario, persistir en la política de una seguridad democrática sostenida que conserve los espacios ganados y que siga brindándole un ambiente de seguridad a los empresarios, principalmente a los del sector agropecuario, quienes se quejan, en algunas partes del país, del renacer de algunos brotes de la subversión con la extorsión y el boleteo.
El gobierno nacional debe enviar al país, y en particular a esa agrupación subversiva, la opción de unos diálogos que permitan buscar una salida negociada al conflicto y a la reinserción de las FARC a la vida civil y política. En el mismo sentido, se podrían pronunciar algunos líderes de la Iglesia y de organizaciones sociales, incluyendo algunas internacionales, amigas de esa salida negociada al conflicto que sufre del país y que ha obstaculizado, en buena parte, un mayor desarrollo y progreso.
Por supuesto, esa opción del diálogo se debe explorar con unas condiciones muy particulares de liberación de los secuestrados que las FARC tienen en su poder, con una actitud sincera de negociación y con el cese de las hostilidades a las Fuerzas Armadas y a la sociedad civil.

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